Llegué a vivir a Silvania, Cundinamarca, el 27 de diciembre de 2007. Bogotano, hastiado de trancones, inseguridad y aire cada vez más irrespirable, habiendo comprado una finquita propiedad de la suegra de mi mejor amigo del momento.

Por eso, contento aquí, pero con lo que no contaba era con la enorme escasez de opciones laborales  y menos en el área cultural, pues soy buen escritor, músico y dibujante, lo que aquí equivale a cero.

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Graduado con honores como bachiller, inicié estudios primero en ingeniería de sistemas y luego Antropología en la Universidad Nacional sin culminarlos. Encontré opciones como dibujante arquitectónico y artístico, siendo desplazado por el computador, y como administrador y beneficiario de bienes familiares lo que me permitió llegar donde hoy estoy.

Consiente de la importancia del medio ambiente, hago parte de la primera Veeduría Ambiental de Silvania, de la que una de sus primeras actuaciones fue durante eventos de inauguración del nuevo coliseo.

El proceso de inspirarse y componer

El día de la pacha mama del año 2015, compuse mi primera canción ecológica que nombra las bondades del clima, las gentes y los recursos hídricos de la región, seriamente motivado por una publicación titulada “¿quién se beneficia con la venta del páramo de Sumapaz?” que dice en su última estrofa: dicen los sabios de la cualidad que ya no por petróleo, por el agua la querrá será y nuestro páramo del mundo produce la mitad.

La mitad del agua dulce, la de beber, la de vivir, agua de todos y de ninguno, que es un tesoro para cuidar y conservar, no para vender no para entregar, canción que fue bien recibida por la numerosa audiencia (aunque su musicalización roquerita no era la más precisa, hoy es un torbellino).

Siguiendo esa línea, desde hacía rato ya tenía varias frases sueltas sobre el tema del calentamiento planetario, los actuales superhuracanes, superincendios, superinundaciones, en la idea de señalar la importancia (casi de vida o muerte) de actuar en armonía y sin agredir la naturaleza, y andaba buscando un tema motivador para empezar la canción (el ciclo del agua, pensaba yo).

Cuando encontré un conocido y compañero veedor cultivador de abejas al que le pregunté cómo iba el oficio, dijo que mal, que estaban muriendo y desapareciendo. Luego, me enteré de la inmensa importancia de la polinización (como evidencia la letra de la canción) y me dijo “eso es”, y así nació el tema de las abejas “Todos somos parte”.

Por: David Peñuela Rocha. Habitante rural de Silvania, Cunidinamarca. 
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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