Primero yo agarro la línea de CootransCaguán que me lleva a Campohermoso y luego llega uno ahí a Puerto Betania (Caquetá). Yo me voy en la línea de las nueve. A Puerto Betania voy llegando once, once y media y luego me voy río abajo y me quedo en La Lechera que es donde vive mi compañero de La Ciudadela, de ahí pa´ bajo son como diez minutos en canoa. Entonces, como el hermano de mi compañero tiene canoa, él va y me deja allá. En el mismo día llego a mi casa; si me voy por Cartagena del Chairá sería más caro el pasaje y no llegaría el mismo día.

Edgar Guaca tiene 21 años y es de la vereda La Reforma que hace parte del municipio de Cartagena del Chairá en el departamento del Caquetá, se integró desde el mes de febrero a La Ciudadela Juvenil Amazónica Don Bosco en San Vicente dl Caguán gracias a la obtención de una beca a través del Vicariato Apostólico del municipio, uno de los ejecutores del proyecto Amazonía Joven.

Me enteré por un compañero con quien terminé bachillerato, él estudió el año pasado en La Ciudadela, me comentó y me pareció muy buena la idea; todo el tema del campo me llama la atención, la agronomía y más que todo la transformación de alimentos. Mi compañero me mandó número de secretaría, yo llamé, y entonces me dijeron que fuera. Yo me presenté el año pasado, me hicieron la entrevista y me evaluaron los primeros quince días para ver si servía o no servía. Aquí son dos semanas de estudio y dos semanas para estar en la casa, ya esta salimos y volvemos a principios de septiembre.

Foto por: Edgar Guaca.

Las maestras de La Ciudadela destacan la labor de Edgar, puesto que en los primeros 15 días de desarrollo del curso de transformación de alimentos, era uno de los estudiantes que estaba atento a cada uno de los pasos y expresaba sus dudas frente a las técnicas y el tiempo de cocción.

Estábamos en cosecha de lo que es el arazá y la guayaba, entonces, en La ciudadela vimos, así como la teoría para el manejo de alimentos y luego la práctica. Con el compañero que estoy me dijo como “mire hermano que en la casa hay arazá y que tales”, yo le dije pues camine recogemos, hacemos mermelada y vendemos que es fácil de hacer. En ese trimestre hablamos con la ingeniera que es nuestra profesora y yo le pregunté ¿usted de donde compra las bolsas? Y me contestó que en Florencia. Le dije profe será que usted me puede colaborar para que me hiciera el favor y me comprara unitas y nosotros se las pagamos a usted. Ella dijo que sí, que cuantas. Le pedimos 30 bolsitas como para empezar y le contamos que yo quería hacer mermelada en la finca para venderles a los vecinos de la vereda y darme a conocer.

En La Ciudadela hice mi primera mermelada y la profe nos decía son tantas libras de azúcar, tantas de pulpa, a una temperatura de 80 o 90 y se revuelve hasta que ella va dando punto. Me quedó bien hecha y la empacamos. Luego me dijeron “Edgar revuelquela usted que tiene como buena mano”. También hicimos arequipe y quedó bueno. En esa semana que salimos, la profe nos trajo las bolsitas y cuando llegué a la finca me puse hacer. La gente se sorprendía por ser mermelada de arazá, decían que, si no quedaba ácida, ¡ah! pero cuando la probaron les gustó mucho, que cómo se hacía, que cuando les iba a enseñar la fórmula.

Mi mamá me apoyó y me compró el azúcar, mi papá me ayuda también con todo el proceso. La meta mía, confiando en Dios, es el otro año montar mi empresa con lácteos, frutas, gallinas ponedoras y cerdos si se puede ahí en la vereda, tener mi propia granja.

Edgar quiere llevar su emprendimiento a lo más alto, por eso en cada viaje de la vereda a las cabeceras municipales aprovecha todo su tiempo para ir avanzando en su negocio.

Bajé al pueblo y fui a donde me podían hacer la etiqueta, le dije que era para mermelada de arazá y guayaba, una mermelada bien bonita, 100% natural, me dijo listo, nos sentamos y me la ayudaron hacer. Ya con la etiqueta me fui hacer más mermelada, la empaqué ya con etiqueta y todo, y gracias a Dios vendí todas las bolsas. También una vez hice bocadillo para ir probando con otras cosas, pero lo dejé mucho tiempo y me quedó como caramelo, pero uno ahí va probando y ya luego sale mejor.

Foto por: Edgar Guaca.

Hoy Edgar da cada paso con el fin de implementar su negocio, primero fue conseguir los insumos, luego elaborar su propia marca y hoy trabaja por terminar su proceso educativo en el técnico laboral en agropecuaria y transformación de alimentos; pero como dice él, siempre con la frente en alto y orgulloso de ser campesino.

Me siento orgulloso de mi vereda, no me da pena, ni vergüenza de ser campesino; si me molestan por ser campesino yo les digo ¿a usted le gusta la leche? Entonces digo gracias y ya.

Yo vivo en el caserío de La Reforma que son diez casitas al lado del río, ahí mismo está una carretera que conduce a las fincas, a la escuela, el centro de salud. Los atardeceres son bonitos, bacanos. Es chevere estar en casa, por eso quiero tener mi tierrita para cultivar y tener mi granja, para emprender desde la tierra de uno, así como el curso de liderazgo y del proyecto de vida en el campo nos enseñó, de querer lo propio, de todo lo que se puede hacer si uno lo quiere, entonces es una enseñanza y una motivación más de trabajar por de donde es uno.

Edgar es un joven que sueña con poder estudiar agronomía; cree en su departamento. En este momento se esfuerza por sacar adelante su trabajo de grado que es una parcela con cultivo de Sacha inchi, en noviembre será su graduación como técnico. Él es integrante del proyecto Amazonía Joven, el cual es financiado por el Fondo Europeo para la Paz de la Unión Europea, apoyado por la Fundación Bolívar Davivienda y llevado a cabo por CorpoManigua, Vicariato Apostólico de San Vicente del Caguán y Acción Cultural Popular – ACPO.

Foto por: El Campesino.

El Fondo Europeo para la paz que apoya a estos jóvenes, fue creado en diciembre de 2016 y es un mecanismo de la cooperación al desarrollo de la Unión Europea. Este fondo tiene entre sus objetivos principales apoyar a Colombia en el desarrollo integral de las zonas afectadas por el conflicto y apoyar la reincorporación social y económica de los excombatientes en el marco de la implementación del Acuerdo de Paz. El Fondo cuenta 120 millones de euros (más de 345 mil millones de pesos) para apoyar el progreso de proyectos de paz y reconciliación comunitaria en 51 municipios de Colombia.

Por: Daimer Fernando Losada Bermeo. Periodista

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