Jóvenes indígenas clamaron por el respeto a la diversidad desde Panamá

El 27 de enero finalizó la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Después de cumplir con una agenda de múltiples eventos, el Papa Francisco se despidió de los más de 150 mil jóvenes provenientes de todo el mundo.

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El Pontífice anunció que, en 2022, la ciudad anfitriona será Lisboa en Portugal, y dejó claro que los jóvenes no son el futuro, aunque a menudo nos guste definirlos así; por el contrario, son el presente, el ahora de Dios.

En su homilía final les recordó que no pueden olvidar que es Dios el que los convoca y llama en sus comunidades. Ya sean rurales, indígenas o urbanas, es ahí donde tienen una tarea por emprender y empieza por la valoración de sus saberes ancestrales; esos que se transmiten en el encuentro con los abuelos.

Mensaje que estuvo en sintonía con las reflexiones que surgieron en uno de los eventos previos a la Jornada Mundial de la Juventud; porque por primera vez en la historia de la Iglesia, se efectuó el Encuentro Mundial de la Juventud Indígena del 17 al 21 de enero.

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La reunión congregó a jóvenes de 12 países que representaron a 40 pueblos indígenas en Soloy, Comarca Ngabe-Bugle en Panamá.

Generalmente los asistentes a la Jornada Mundial de la Juventud se preparan para el encuentro con el Papa, viviendo unos días de misión en las diócesis y los jóvenes de los pueblos originarios, se unieron en este encuentro que deja un pronunciamiento en el que hacen un llamado a respetar su diversidad, cosmovisión y modo de vivir.

Estos jóvenes se reunieron con el propósito de compartir la fe en Jesucristo, desde la riqueza milenaria de las culturas indígenas. Durante la actividad se escucharon los testimonios de jóvenes que analizaron las graves problemáticas que afrontan las comunidades indígenas en diferentes partes del mundo.

La invasión y explotación de territorios originarios, la violación de las leyes de protección ciudadana por parte de los gobiernos y la implementación de proyectos industriales y turísticos de carácter invasivo; se convierten en preocupación y causa de lucha para los jóvenes indígenas.

Actividades como la deforestación y la minería atentan contra el cuidado de la casa común, que el Papa Francisco se ha encargado de poner en el centro de la reflexión teológica y pastoral.

Mucho más cuando se hace evidente que las consideradas iniciativas para unos son problemáticas para los pueblos originarios y se logran porque las autoridades y representantes gubernamentales, crean alianzas con poderes  económicos para favorecer sus intereses individuales, olvidando que con ellos se margina a los indígenas.

En este sentido, la juventud indígena reunida en Panamá llama a los gobiernos y la sociedad en general a que reconozcan y demarquen sus territorios, manteniendo como prioridad, la necesidad de proporcionar una educación que respete y reconozca que se trata de culturas distintas con riquezas y sabidurías propias.

Estas demandas también se dirigen hacia la iglesia, Madre y Maestra en la  evangelización. Para los jóvenes, la Iglesia debe crear los espacios apropiados para vivir su espiritualidad desde la herencia de los abuelos y respetando las teologías particulares, porque son fruto de la fe ancestral y plenitud de su esperanza en la persona de Jesucristo.

Por eso, los jóvenes destacan la inclusión y multitud de procesos evangelizadores que han logrado inculturar el Evangelio y contribuir al empoderamiento de las comunidades para exigir sus derechos.

Al finalizar este Encuentro Mundial de la Juventud Indígena, confían en la Pastoral Indígena y su incidencia en las nuevas generaciones, para que siga haciendo realidad las palabras del Papa Emérito Benedicto XVI en su discurso inaugural en la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, en Aparecida – Brasil durante el 2007:

Las semillas del verbo, presentes en las culturas autóctonas, facilitaron a los indígenas encontrar en el Evangelio, respuestas vitales a sus aspiraciones más hondas. «Cristo era el Salvador que anhelaban silenciosamente”.

Sus problemáticas y necesidades pastorales deben interpelar a la iglesia para que continúe su trabajo de acompañamiento a las comunidades partiendo del respeto a sus costumbres y ayudando a que sean conocidos y valorados en cualquier contexto.

Por: Paola Calderón. Periodista
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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