“La paz sin las mujeres no es posible”, la voz que suena desde el Bajo Atrato

Un espacio para sanar y decir lo que no se ha dicho. Así es como ellas se refieren al ‘Encuentro de mujeres lideresas, excombatientes y reincorporadas a la vida civil de Urabá-bajo Atrato’, en el que ellas y sus historias, fueron protagonistas.

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Foto por: Melissa Jaimes Ochoa, oficial de información, Misión de Verificación de la ONU.

A orillas del río Curvaradó, cuenca del gran río Atrato y frontera departamental entre Chocó y Antioquia, se encuentra el antiguo Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación – ETCR Brisas en el municipio Carmen del Darién, Chocó. Es el bajo Atrato y llegar hasta este punto indica tan solo dos caminos. Uno fluvial por el río Atrato y otro por vía terrestre desde los municipios que conforman la subregión del Urabá Antioqueño.

Hasta ese punto llegaron más de 40 mujeres en proceso de reincoporación de los grupos armados FARC-EP y EPL, junto con mujeres líderes y representantes de otros municipios del Urabá y bajo Atrato. Las líderes del ETCR las esperaban con anhelo para dar inicio al ‘Encuentro de mujeres lideresas, excombatientes y reincorporadas a la vida civil de Urabá-bajo Atrato’ que marcaba en la agenda los días 7 y 8 de diciembre.

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Las sonrisas no se hicieron esperar. Hubo reencuentros, abrazos y estrechón de manos entre aquellas que apenas se conocían, sin saber que al final todas se unirían en un mismo abrazo y con promesas de volver a encontrarse.

Este es el primer encuentro de mujeres en el ETCR, y pese a que muchas son conocidas, vecinas e incluso compañeras del mismo grupo armado, también es la primera vez que comparten sus historias abiertamente. “Aquí estamos mujeres de diferentes etnias y culturas, pero todas somos una, porque unidas somos más”, dice Fanny Escobar, líder social del movimiento Las Mujeres del Plantón quien, junto con otras mujeres del Urabá, trabaja por los derechos de aquellas que fueron víctimas de violencia sexual durante el conflicto armado.

Un espacio para sanar y decir lo que no se ha dicho. Así es como ellas se refieren al encuentro en el que ellas y sus historias, son protagonistas. –Este útero representa la vida-, dice Ángela Salazar señalando la figura que han construido con flores en el centro del quiosco del ETCR. Ella, es una de las auspiciadoras de este espacio, y para muchas, ha sido guía y compañía durante los años de la guerra y ahora, en los tiempos de paz.

Foto por: Lina María Serna. Periodista – Editora.

Dentro de aquel útero de flores cada una fue plasmando sus historias, dolores y tristezas que quedaron de un pasado que no olvidan. Otras, dejaron los sueños y anhelos del presente que hoy viven con más fuerza que antes.

Una vela encendida permaneció en el centro de aquella figura que les inspiraba la firmeza que las caracteriza. Y mientras todas se fundían en un único abrazo, Ángela decía: “El fuego ilumina el camino y es guía. No importa de qué orilla venimos, esta luz nos ilumina a todas en este presente. La luz es guía en el horizonte de la reconciliación”.

Ángela, defensora de Derechos Humanos y comisionada de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, hablaba de reconciliación entre ellas, mujeres que durante la guerra fueron enemigas y rivales; y que ahora, se unían para reconciliarse entre ellas, con su pasado, con el de todas.

La familia es lo que primero sale a flote. Claro, hay quienes tuvieron la aprobación de sus familias para enlistarse en un grupo armado, y están a quienes rechazaron por su decisión. Lo cierto es que ahora el concepto de familia ha cambiado para ellas; principalmente porque desde que dejaron las armas, unas se han reencontrado con sus hijos y otras, han empezado a vivir la maternidad.

Foto por: Melissa Jaimes Ochoa, oficial de información, Misión de Verificación de la ONU.

Establecer lazos de confianza ha sido lo principal de este encuentro, pues asistir a un espacio que les permita sentirse seguras de narrar lo que han vivido, ha sido igual de importante para ellas y para las instituciones que organizaron este espacio, y que hoy por hoy, lideran proyectos sociales dentro del ETCR. Por eso, durante el encuentro, las mujeres manifestaron su agradecimiento con Acción Cultural Popular – ACPO, la Misión de Verificación de la ONU, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización – ARN, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y el Instituto Kroc, por fomentar el primero de muchos encuentros que vendrán.

La noche, al igual que el día, tuvo su propio ritual, esta vez con velas encendidas en honor al 7 de diciembre. El teatro congregó a mujeres, hombres y niños que también quisieron encender su propia vela. Y a manera de catarsis, cada uno fue tomando la luz y con ella, la palabra. Aún quedaba mucho por decir.

Foto por: Melissa Jaimes Ochoa, oficial de información, Misión de Verificación de la ONU.

Además de compartir sus historias, las protagonistas de este encuentro también alzaron su voz sobre las condiciones que hoy viven y las necesidades que tienen. Pese a que ya no viven en la insurgencia, hoy cargan con la estigmatización social y el rechazo de distintos sectores sociales. Por eso, coinciden en que quieren pasar de la clandestinidad a una libre participación. Sueñan con crear colectivos de mujer y género, como los ya conformados; con ser parte de sus respectivas Juntas de Acción Comunal; y, sobre todo, con incidir en los planes de desarrollo del país, pues están seguras de que “la paz sin las mujeres no es posible”.

Además de contar y sanar, cuidar era otro de los pilares de este encuentro. “No nos han enseñado a cuidarnos”, decía Noelia Paz, líder de la Asociación de Mujeres de la cuenca del río Jiguamiandó. Y todas coincidieron con ella, y en la importancia de tejer de redes de apoyo que les permita sacar adelante sus proyectos de vida.

El encuentro cerró al mejor estilo y cumpliendo un sueño, el de Yurysara, líder del ETCR y excombatiente de las FARC, quien quería construir un vivero para la comunidad. Hoy, Selvita es un hecho, el vivero del ETCR Brisas, el vivero de todos.

Foto por: Lina María Serna. Periodista – Editora.

En este primer encuentro asistieron cerca de 40 mujeres desde Mutatá, Dabeiba, Apartadó, Riosucio y Jiguamiandó. Pudieron haber sido más, pero el miedo y la inseguridad que enfrentan muchas de ellas, las hace vulnerables y, sobre todo, limita su participación en espacios en los que ellas son las auténticas protagonistas.

Agradecemos a las mujeres lideresas, excombatientes y reincorporadas a la vida civil de Urabá-bajo Atrato por abrirnos las puertas del ETCR Brisas; pero, sobre todo, por permitirnos conocer lo profundo de sus vidas a través de sus historias. Este artículo fue posible gracias a ellas.

Por: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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