Cristo Rey del Universo: Respuesta a los regímenes políticos ateos

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Imagen de Cristo Rey

Por: Diego Esneider Ortiz Rodríguez

Cristo Rey del Universo es la Solemnidad cierra el Año Litúrgico en el que se ha meditado sobre todo el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

La solemnidad de Cristo Rey del Universo  nace a raíz de la Primera Guerra Mundial, en medio de la subida del comunismo en Rusia. Por ello durante el XVI centenario del Concilio de Nicea el Papa Pío XI instituyó la fiesta en su encíclica Quas Primas, instauró la solemnidad el día 11 de diciembre de 1925.

Frente a los anteriores acontecimientos mundiales, el Pontífice  instauró la solemnidad de Cristo Rey del Universo como respuesta al laicismo y  a los gobiernos ateos y totalitarios, quienes niegan el imperio de Cristo sobre todas las gentes. A su vez estos gobiernos introducían en la sociedad lo que el Santo Padre denominó el germen de la discordia. El Papa advierte que dichas ideologías producen la violencia bajo las apariencias del bien público y del amor patrio,  junto con un ciego y desatado egoísmo llevaría a la muerte de la sociedad.

Originalmente, la Solemnidad de Cristo Rey del Universo,  sería el último domingo de octubre, justo antes de la Fiesta de Todos los Santos  que, en 1926, cayó 31 de octubre. Pio XI escribe en su encíclica:

«Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos.»

Durante el Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI dio a la solemnidad su actual título completo: Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo y se trasladó hasta el último domingo del año litúrgico. Desde 1970 la Solemnidad se celebra el último domingo per amnum, es decir el quinto domingo anterior a la Navidad (25 de diciembre). Por lo tanto, su fecha oscila entre los días 20 y 26 de noviembre. Desde el Vaticano II esta festividad cierra el año litúrgico.

El mismo Concilio Vaticano II, sintió la necesidad de trasladar el acento de la fiesta, haciendo énfasis en su aspecto humano y espiritual, más que en el –por así decirlo– político. La oración de la solemnidad ya no pide, como hacía en el pasado, que «se conceda a todas las familias de los pueblos someterse a la dulce autoridad de Cristo», sino que «toda criatura, libre de la esclavitud del pecado, le sirva y alabe sin fin».

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, es la solemnidad destinada a comprender que verdaderamente Jesús es el Rey de nuestra vida, si nos sentimos atraídos por su amor y si dejamos de lado los poderes de este mundo. Meditamos a su vez  el misterio de su vida, su predicación y el anuncio del Reino de Dios.

Se puede pensar que solo se llegará al Reino de Dios luego de pasar por la muerte pero la verdad es que el Reino ya está instalado en el mundo a través de la Iglesia que peregrina al Reino Celestial. Justamente con la obra de Jesucristo, las dos realidades de la Iglesia -peregrina y celestial- se enlazan de manera definitiva, y así se fortalece el peregrinaje con la oración de los peregrinos y la gracia que reciben por medio de los sacramentos. «Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»(Jn 18, 37) Todos los que se encuentran con el Señor, escuchan su llamado a la Santidad y emprenden ese camino de convertirse en miembros del Reino de Dios.

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