Las reformas no dan espera, y el agro ahí…

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¿Hace parte hoy el agro colombiano de la agenda pública central? En otras palabras, ¿es este un tema fundamental para los encargados de tomar las grandes decisiones de la política pública en Colombia? Todo indica que no, a juzgar por los grandes titulares de la llamada “gran prensa”.

Por:  Juan Carlos Pérez Bernal

Veamos: Paro camionero, presentado más con perspectiva del orden público que por su impacto económico real; cambio en la Fiscalía General de la Nación, así ya estuviera cantado el nombre del nuevo titular de ese despacho; rifi rafe entre Uribe y Santos por el tema de la paz y la guerra. (¿Tema nuevo?).

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En fin…El agro perdido de las preocupaciones públicas, a pesar de que su crisis nos afecta todos los días, o precisamente por ello.

Parecería que a nadie le importa lo que está pasando con el costo de vida, así haya subido 8,60 por ciento en el último año, con corte a junio. Mejor dicho: la inflación hace rato se devoró el ajuste del salario mínimo, a tal punto que no sólo sería errado hablar de que fue incrementado el salario básico, pues, si llamamos las cosas, por su nombre, la gran prensa debería titular: “Sigue en picada libre el salario mínimo en Colombia”. Así, poco importa que la inflación sea considerada el más regresivo e inequitativo de todos los impuestos, porque golpea con más fuerza a los que tienen menos.

¿Pero qué es lo que está pasando en el fondo? Que no nos pellizcamos; que los temas verdaderamente importantes para Colombia, como la cacareada reforma agraria integral, siempre se aplaza pues, de nuevo, “lo urgente no deja tiempo para lo importante”.

Y así no se puede construir una nueva nación…Qué tal, por ejemplo, que pensáramos en unas mesas permanentes de concertación, para que la misma sociedad evalúe y defina ya no cuáles son las reformas que necesita el campo, porque ya lo sabemos, sino cómo y con cuáles recursos las vamos a hacer? El ejemplo nos lo dieron hace algunos años los estudiantes, al ser capaces de plantear propuestas creativas para oponerse a una perversa reforma a la educación.

¿O es que esperando que la solución llegue de La Habana? De pronto, como en el cuento, creemos que es cuestión de que amanezca para ver…Y Se nos olvida que ese “ver” está en nosotros mismos…Entonces la pregunta sería ¿Seremos capaces de ajustarnos nuestros propios lentes? ¿Amanecerá y veremos?

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