Conozca la leyenda de gigantes en territorio huilense

Hoy te contamos una gran leyenda que constituye una de las teorías del nombre del municipio de Gigante, Huila, al considerarse ser tierra de mágicas historias, entre ellas, sobre seres gigantes divididos entre la protección y el acecho de los territorios.

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Foto: Alcaldía del Municipio de Gigante, Huila

El municipio de Gigante, Huila es conocido por la amabilidad de sus pobladores, su cercanía al río Magdalena, poseer suelos térmicos diferentes que potencian los cultivos de la zona como el café, el cacao, la granadilla, la cholupa o gulupa, entre otros alimentos. En su parque principal se encuentra una majestuosa ceiba que conmemora la libertad y es símbolo cultural del municipio. 

Sin embargo, sobre el nombre de Gigante existen dos teorías; la primera cuenta que en su extensión se encontró el esqueleto de un mastodonte o mammut, animales extintos hace más de 11 mil años. Y la segunda, recurre a historias mágicas que hablan de la presencia de gigantes, y quienes protagonizan esta gran historia son Matambo y Mirthayú.

Los pobladores cuentan que hace muchísimos años existía en el territorio un cacique llamado Tairón, el cual era vecino de la tribu de los Michues. Ambas poblaciones se encargaban de  dar un sacrificio a la naturaleza y al universo en agradecimiento por toda su bondad. Sin embargo, en uno de estos sacrificios apareció una nube que reflejaba muchos rayos de colores, un fenómeno nunca antes visto por esta población.

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De esta gran nube apareció una niña muy bella que representaba un regalo para las tribus, pero también una gran responsabilidad. Fue así como esta niña nombrada Mirthayú se convirtió en una hija para las comunidades, las cuales le prestaron toda su atención y la eligieron como su única reina. Poco a poco su tamaño era mayor y se reflejó como una gran mujer, criada a partir de unos principios que la convertían en eje de protección de la región.

Foto: Los senos de Mirthayú – La Nación

La presencia de Matambo en el territorio

Lamentablemente, no todo fue dicha para los pobladores, puesto que llegó a la región Matambo, un hombre de mayor estatura que Mirthayú que acechaba los pueblos a partir de la destrucción total de sus estructuras. Fue la población de Mirthayú su próxima víctima, y ante su sorpresiva llegada las tribus recurrieron a su reina para que defendiera sus pueblos.

Ella llega  a detener el terror presente, se ubica frente a Matambo y le exige que se detenga; cuando él la contempla queda hipnotizado por su belleza y valor al enfrentarlo. En ese momento, Matambo se inclina en reverencia a la reina y pide perdón por todos los atropellos cometido en contra de su territorio.

Foto: Encanto Real

Todo mejoró con el pasar de los días y entre ellos nació una gran amistad, recorrían pueblos al paso de los ríos y viajaron por el paradisíaco camino  que conduce al Macizo colombiano a través del río Guacallo; pero de pronto, en su regreso, los michues no aceptaron que Matambo regresara a pisar sus tierras, sin importar que a su lado se encontrara Mirthayú.

Matambo le pide a Mirthayú que se aleje  mientras trata de resolver la situación, pero aún así los michues lo atacan simultáneamente provocando su inminente muerte y un gran estruendo en toda la región.

A Mirthayú su comunidad no le hizo daño alguno físicamente, pero destruyeron aquel ser que se había convertido en su todo porque encontró y desató de su interior su verdadera esencia, la de un hombre protector, comprensible y bondadoso que por un destino muy fuerte se aferró en el acecho de poblaciones inocentes, pero con un remordimiento cada vez más grande.

Se comenta en esta historia que aunque Mirthayú trato de revivirlo a partir de hechiceros, no fue posible; frente a su dolor, aquel fenómeno de colores que una vez la dejo en la tierra, regresaba por ella, y en medio de su regreso decidió saltar de la nube y murió por el gran impacto. La reina  entregó  su alma al creador del universo.

 La cabeza de Mithayú quedó  hacia el oriente, los pies sobre el río Guacacallo y la mirada prolongada al infinito; al ingresar al municipio de Gigante se pronuncian dos montañas similares que se conocen como los senos de Mirthayú. Mientras tanto, a Matambo se le conoce por su pronunciado perfil al sur del municipio.

Por: Daimer Fernando Losada Bermeo. Periodista.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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