Los campesinos y su labor como guardianes del legado cultural

Existen más de 25 dinámicas y bienes que por conservar la esencia de la identidad colombiana han sido declarados como patrimonio cultural. Esto no sería posible sin la presencia de las comunidades campesinas, afro e indígenas, que mediante la tradición oral promueven los saberes y prácticas ancestrales.

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Foto por: Diego Felipe Vega

El Ministerio de Cultura explica el patrimonio cultural como “la expresión creativa de la existencia de un pueblo en el pasado remoto, en el pasado cercano y en el presente.  Habla acerca de las tradiciones, las creencias, los logros de un país y su gente. La palabra patrimonio significa algo que ha sido heredado, debe, de hecho, considerarse como el legado que recibimos de nuestros ancestros y que debe pasar a las futuras generaciones”.

Bajo esta concepción, en Colombia existen más de 25 bienes y dinámicas tradicionales que son parte del patrimonio cultural. De acuerdo con el Ministerio de Cultura, tienen una gran importancia ya que representan la identidad de la sociedad, compuesta por distintas prácticas, valores y mensajes (históricos, artísticos, estéticos, políticos, religiosos, sociales, espirituales, naturales, y simbólicos, entre otros). Además, son el vehículo para entender el pasado y la diversidad de los pueblos; por eso, debemos conocerlos y preservarlo.

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En la construcción de la cultura colombiana, las comunidades rurales conformadas por cerca de 11 millones de personas, son y serán las protagonistas. Pues desde sus labores y conocimientos ancestrales han conformado a lo largo de la historia todo aquello que nos representa como país. 

Por ejemplo, las cocinas tradicionales son patrimonio cultural inmaterial, debido a que contienen los sabores típicos y las principales recetas que se han transmitido de generación en generación por más de 150 años. Es importante resaltar que, cada cocina regional se origina de una profunda relación entre los pueblos (indígenas, afrocolombianos, raizales y campesinos) y  la diversidad biológica del territorio que habitan. 

Otro patrimonio cultural inmaterial es el espacio cultural de San Basilio de Palenque, proclamado así en el 2008, el cual abarca una dinámica que proviene de las comunidades afrodescendientes y que instauró manifestaciones musicales y orales, como el lumbalú, los cantos de trabajo, los cantos de velorio, las décimas palenqueras, la música de sexteto, el bullerengue sentao, la cumbia y el mapalé; características del folclor colombiano. 

Así mismo, los cantos de trabajo del llano son una  expresión musical declarada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – UNESCO, como patrimonio cultural de la humanidad. Hacen parte del sistema tradicional de crianza de ganado de los llanos orientales y es conocida porque por más de 200 años, campesinos de la región han plasmado en melodías a capela la labor de la ganadería. 

La música vallenata del Caribe, la manifestación cultural silletera de Antioquia, la partería del pacífico, las músicas de marimba y la celebración de Semana Santa en Mompox, también se encuentran en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial. Por su parte, el paisaje cafetero de la Cordillera de los Andes es patrimonio cultural inmaterial de la humanidad desde el 2011 y reconoce la actividad ancestral y por excelencia del cultivo de café en Colombia. 

Todo lo anterior evidencia el valioso aporte de las comunidades rurales en la construcción de la identidad e historia, que desde la tradición siguen conservando las enseñanzas de nuestros ancestros para mostrarle al mundo lo que significa ser colombiano. 



Por: Ivania Alejandra Aroca Gaona. Periodista.

Editor: Karina Porras Niño. Periodista – Editora.

 










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