Mujeres indígenas, guardianas de bienestar

Así se rinde homenaje a las mujeres indígenas que luchan cada día por la pervivencia de los pueblos indígenas, motivo por el que desde 1983 fue instaurado el 5 de septiembre como día internacional de la mujer indígena.

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El rol de la mujer indígena en la sociedad ha trascendido para ser las responsables no solo de dar la vida, sino de construirla desde lo físico y también desde lo espiritual. Transmisoras de la conexión con el universo, la tierra, los seres que en ella habitan. Pasan de generación en generación los rasgos de la identidad indígena, como base de las comunidades.

“Alrededor del fogón tenemos la posibilidad de hacer cultura, de hacer política, de hacer identidad”, así lo describe Sandra Suárez, joven indígena de la comunidad muisca, quien hoy desde la ciudad hace parte de la Consejería Mujer, Familia y Generación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC).

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Sandra, como muchas mujeres indígenas, ha tenido que migrar a la ciudad y hoy habita en un resguardo a las afueras de la ciudad de Bogotá, en el que sigue construyendo identidad a partir del intercambio cotidiano con indígenas, hombres y mujeres, de otros pueblos, que como ella le apuestan a la construcción de una sociedad incluyente.

“En la cultura indígena siempre se ha dicho que el hombre es el que cultiva, pero la mujer es la que la que cosecha”, añade Sandra, resaltando que son las mujeres las encargadas de recoger los alimentos y transformarlos en alimentos para sus pueblos, en los que entregan no solo comida para el cuerpo, sino también para el alma.

Así se rinde homenaje a las mujeres indígenas que luchan cada día por la pervivencia de los pueblos indígenas, motivo por el que desde 1983 fue instaurado el 5 de septiembre como día internacional de la mujer indígena.

Hoy, más que nunca, las mujeres indígenas se han involucrado en procesos de construcción política y social, y en ese rol se encuentran Martha Pinto y Doris Rodríguez, dos jóvenes indígenas de las comunidades Wiwa y Arhuaca, residentes en la Costa Caribe colombiana.

Ellas hacen parte del proceso de construcción de una estrategia de información, educación y comunicación (IEC) que desarrolla la FAO en convenio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que busca posicionar la importancia de la lactancia materna y la alimentación complementaria para menores de dos años.

Martha y Doris son auxiliares de enfermería y contribuyen desde su trabajo para que sus pueblos superen la histórica situación de desnutrición en los niños y niñas indígenas. Conocen la importancia de la lactancia materna y convencidas de ello, ahora quieren transmitirla en sus comunidades, propósito común que las ha unido en este proceso a otras mujeres indígenas en los departamentos de la Guajira, el Cesar, Putumayo, Vichada y Cundinamarca.

“En el uchui (casa materna en lengua wiwa) nos reunimos las mujeres para hablar sobre la crianza de nuestros hijos y es el espacio en el que compartimos la importancia de la lactancia, aunque las mujeres indígenas no han perdido esta tradición, siempre es importante resaltar las normas de higiene y cómo el proceso de alimentación complementaria también es necesario que las mujeres de nuestra comunidad lo sepan”, así lo dice Martha, quien regresa cada noche a su comunidad para disfrutar de este momento de reunión social con las otras mujeres de su pueblo.

Doris, por su parte, espera su primer hijo y desde ya se prepara con las enseñanzas de las mujeres mayores de su comunidad Arhuaca para que en febrero, fecha del nacimiento, aplique ese conocimiento. Estando en su cuarto mes de gestación, y gracias a su carrera profesional como enfermera, ha comprendido la importancia de los controles prenatales, por lo que recibe orientación de las abbu (abuelas mayores del pueblo arhuaco) y también los cuidados y la orientación médica en Riohacha, La Guajira.

“Cada llegada a la vida de un niño arhuaco tiene la bienvenida, aún sin nacer, en una ceremonia de pagamento indígena, dirigido por el mamo (autoridad tradicional), para que los ancestros le protejan. Quienes asisten deben dejar el yona (pensamiento negativo) para que sea una vida de bienaventuranza”, así nos lo han enseñado los mayores, cuenta Doris.

En Colombia, donde uno de cada cuatro niños sufre de desnutrición oculta, de los cuales al menos el 33 por ciento es indígena, continúan los esfuerzos institucionales para que estos índices se reduzcan a cero, se cuenta el apoyo de las mujeres indígenas que, como Sandra, Martha y Doris, trabajan día a día desde su quehacer porque cesen las muertes por desnutrición en sus comunidades.

Por: Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

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