Nuquí, un paraíso donde crecer es una experiencia revolucionaria

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A tan solo 45 minutos del casco urbano de Nuquí se encuentra una playa llamada Paradisesurf, el paraíso de las olas, un lugar de encuentro para turistas y deportistas de todo el mundo. En ese paradisiaco lugar encontramos una pareja de jóvenes empresarios del turismo nativo. Ellos optaron por vivir en armonía con la naturaleza y decidieron que su hijo, Jerónimo, creciera viviendo al natural. Niño en Nuquí

Por: Miguel Ángel Arango – Facilitador Escuelas Digitales Campesinas Chocó

Al mejor estilo del libro de la selva Ángela y Jorge Andrés, jóvenes empresarios de Nuquí, decidieron criar a su hijo de manera diferente. Quisieron que el pequeño hiciera parte de un cambio significativo. Que creciera de una forma diferente, dejando atrás los hitos del mundo civilizado. Un chico criado para aportar al desarrollo de nuestro planeta.  Este niño habría de crecer en un entorno natural donde pudiera reconocer el origen de cada una de las cosas que hacen parte de la naturaleza.

Cualquiera al leer el título de este artículo podría pensar en Jerónimo, como un niño rodeado de celulares, tabletas, computadores, video juegos, y todo tipo de herramientas tecnológicas revolucionarias para la época. Pero, no es así. Él nació entre tucanes, monos aulladores, guaguas, tigrillos, mariposas, perros y sus más grandes amigos del mar ballenas, delfines y tortugas.

Para conocer un poco más de esta pareja con una idea de educación distinta, El Campesino.co decidió visitar el entorno de Jerónimo. Vive en una pequeña casa rodeada de tablas de surf y animales propios de la selva chocoana de Nuquí. Tiene un perro que es su escolta y amigo permanente. Ante la curiosidad por la crianza del niño, decidí preguntarle a su madre ¿cuál son las emociones y aprendizajes de un día de Jerónimo? 

“Sin terminar de cerrar la puerta para caminar la playa, como todos los días en nuestro aprendizaje con Jero, encontramos otro gran regalo del universo… Una gran tortuga golfina dejando sus huevos a nuestro cuidado… Fue una larga espera acompañada de luces provenientes del plantón, sonidos de grillos, pájaros nocturnos y una lluvia de salitre, agua de mar envuelta en la brisa, bañando nuestras luces apagadas mientras la tortuga terminaba su proceso… Al final corrimos detrás de ella y le agradecimos por elegirnos, por su entera confianza, con un abrazo lleno de sabiduría al depositar sus huevos… Ahora empezaré a contar los días para ver un nuevo renacer”

En este momento Jerónimo tiene, según su padre, una gran tarea y no es el colegio precisamente. Es el compromiso con todos sus compañeros de cuidar y aprender de cada uno de esos 57 días que en promedio dura la incubación de los huevos. Debe protegerlos de los depredadores humanos y animales. Para que de esos 200 o más huevos, al menos cinco regresen como tortugas al mar.

Los niños del futuro deben vivir más, estar en contacto con la naturaleza y sentir el mundo. Esos son los verdaderos humanos del mañana. 

*Este contenido es producido gracias al programa de Escuelas Digitales Campesinas como parte del ejercicio formativo y pedagógico que están desarrollando. 

2 Comentarios

  1. Muy bueno y uno que vive aquí quejándose que Nuqui no aporta nada y vea tendre a mis hijos mas al contacto con la naturaleza

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