Opinión: Conversación sobre la Amazonía

El Padre Alfredo Ferro, S.J., actualmente coordina el trabajo de los jesuitas en la Amazonía. Vive en Leticia y, por sus responsabilidades, estudios y experiencias de trabajo en Brasil y en esta región, fue designado por su comunidad para participar como “Padre sinodal” con ponencia en el pasado Sínodo, con las preocupaciones que deben ser atendidas con urgencia en esta región del planeta. Esta nota resume las ideas centrales de nuestra conversación con él y no son una transcripción literal de lo que hablamos.

0
402

Eran casi las siete de la noche. Un grupo de amigos esperábamos en la sala de nuestra casa al Padre Ferro, interesados en conocer de primera mano sus experiencias en Roma, como “Padre sinodal”. Llegó puntual, cordial y alegre para hablarnos sobre el que, hasta ese momento, había sido su trabajo más cercano con el Papa Francisco. Además de la forma como se convocó y se organizó el Sínodo, que ya explicamos en un artículo anterior, queríamos saber por qué la Iglesia católica muestra tanta preocupación por la Amazonía. ¿Cuáles son los motivos que llevaron al Papa a convocar el Sínodo y a poner el tema en el centro de la discusión mundial?

Su respuesta fue directa.

  • F. Por varias razones. Después de muchos siglos de silencio y olvido, durante los cuales esa región del mundo fue el patio trasero del planeta, hoy, definitivamente, es la Plaza central. La Amazonía es una inmensa región de más de siete millones de kilómetros cuadrados. Colombia podría caber allí siete veces. Nueve países tienen parte en ella. Es un inmenso bioma que alberga a más de 30 millones de personas, 3 de los cuales son indígenas. Concentra una inmensa variedad de fauna y flora, que en gran parte aún está por descubrir y estudiar y, por sus características de bosque húmedo tropical, es una región única en el planeta. Su riqueza hídrica y sus inmensos bosques son el único pulmón del mundo que reduce el impacto de los gases tóxicos emitidos por las chimeneas de las fábricas y los vehículos de todo el mundo, alimentados por combustibles fósiles: petróleo, carbón, gas.

Infortunadamente está siendo destruida por la voracidad de países poderosos, por las mafias madereras, las rutas de narcotraficantes, las empresas ganaderas y de monocultivos como la palma aceitera, la soya, que alimenta vacas en todo el mundo. La ambición extractora e incontrolada de minerales, maderas y combustibles ya destruyó el 20% de esa región, Eso es una extensión más grande que Colombia. El Papa critica duramente esta ambición “extractivista” de personas y de industrias, que obra a cualquier precio, corrompiendo gobiernos y conciencias, y destruyendo a seres humanos. La Iglesia quiere llamar la atención de los gobiernos para que se detenga esta destrucción. Si queremos que la raza humana sobreviva, es necesario que el mundo tome conciencia y entienda este clamor, so pena de que destruyamos lo que nos da vida.

En segundo lugar, la Iglesia quiere que todos miremos a quienes viven allí. Desde hace siglos, héroes misioneros han convivido y compartido su fe con los nativos, buscando entender su forma de creer, de pensar, de mirar y de vivir en ese medio. La Iglesia llegó para quedarse, sin destruir y el progreso tiene que darse respetando las diferentes culturas. Es necesario entrar en relación con todas ellas, con sus valores. Los valores autóctonos de estos pueblos tienen que estar en el centro y en el núcleo de la misión espiritual de la Iglesia. No se trata de “convertir” a los infieles. Somos nosotros quienes debemos convertirnos y dar un viraje completo, de “Conversión cultural”. La evangelización es en contra del colonialismo arrasador de la naturaleza, de los pueblos, las culturas y las personas. El Evangelio no puede ser una imposición. Hay que hacer silencio, hay que escuchar lo que nos dicen esas culturas. La Iglesia debe adaptarse sin imponer, por ejemplo, el rito romano en la liturgia, el cual carece de sentido en este medio. Es necesario establecer un diálogo que sintonice y comprenda el espíritu y las cosmogonías indígenas, con sus ritos y tradiciones.

Luego de una pausa, formulamos otra pregunta: ¿Pero esta manera de pensar, no encuentra resistencias, digamos entre quienes piensan como se decía antes, que “fuera de la Iglesia no hay salvación”? “¿Roma locuta, causa finita?”

  • F: Evidentemente, hay tensiones con algunos prelados y sacerdotes con tendencias de pensamiento en alguna forma diferentes a la forma de pensar del Papa Francisco. Pero el llamado del Papa es a que la Iglesia se convierta en profética, en iglesia encarnada, salida de las sacristías. No se puede tener más una lectura fundamentalista y extremista del Derecho canónico. El latín del medioevo y de las celebraciones litúrgicas es incomprensible para las comunidades del Amazonas. Por eso se habla de la “inculturación”, de comprender la manera de pensar y de vivir de los habitantes de la Amazonia. La reflexión es sobre el tipo de presencia que debe tener allí la Iglesia católica que se convierte en presencia pastoral, de Iglesia comprensiva e insertada en esas comunidades.

Nuestro interés siguió creciendo y le formulamos otra pregunta. ¿Y qué pasa con la posibilidad de que personas casadas, con probada capacidad y disposición de entrega a esas comunidades amazónicas, con fe profunda y practicantes de su fe, sean sacerdotes? Se había dicho que después de este Sínodo esta podría ser una realidad allí.

  • F.: Sí se habló de esta posibilidad. Pero hay que decir que, si bien el tema es importante, no fue el más importante del Sínodo. En su exhortación “Querida Amazonia”, promulgada recientemente, el papa no se refiere explícitamente al sacerdocio de hombres casados en la región. Pero eso no quiere decir, como lo interpretaron algunos, que el papa cerró la puerta definitivamente a la discusión. Hoy es imposible que los pocos sacerdotes y religiosas que vivimos y trabajamos en la Amazonía, podamos atender a las comunidades indígenas y a los habitantes de esa enorme extensión del planeta. Además de las religiosas, otras mujeres y hombres casados bien preparados, podrían servir en labores sacramentales. Esa puerta sigue abierta para el discernimiento.

Lo más importante es el llamado de la Iglesia a que los gobiernos y todos los habitantes del mundo asumamos, de una vez por todas y con toda responsabilidad, el cuidado el planeta protegiéndolo integralmente. Es necesario respetar, restaurar y proteger la Amazonía que estamos destruyendo. Este planeta es el único en el que podemos vivir y el trabajo tiene que ser consciente, responsable e integral. Es lo que se ha llamado, la Ecología integral.

En próximas notas, comentaremos el Documento final del Sínodo que contiene el pensamiento de los participantes y la Exhortación del Papa Francisco “Querida Amazonía”.

Por: Bernardo Nieto Sotomayor. Equipo Editorial Periódico El Campesino.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here