Opinión: Feliz día, maestros y maestras, héroes de la educación rural en Colombia

Con ocasión del Día del Maestro, este artículo comparte el testimonio de dos maestras que desde Cundinamarca y Caquetá ejercen una profesión que les ha dejado grandes aprendizajes en sus vidas personales y profesionales.

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Por las actuales circunstancias de aislamiento obligatorio, es la primera vez que hago un reportaje sin estar frente a las personas entrevistadas, pero por teléfono pude escuchar las voces de cuatro grandes educadoras rurales. A ellas damos nuestro agradecimiento y con su testimonio hacemos un homenaje a los maestros y maestras rurales que ejercen su profesión en medio de innumerables dificultades, impuestas por las distancias, el olvido estatal y la falta de medios para su noble labor.

Su testimonio llega desde Pamplona, Pereira, Florencia y Usme. Tuve que resumir una conversación llena de recuerdos, anécdotas y testimonios, que presentan la nobleza de su tarea, aún a riesgo de sacrificar aspectos importantes. ¡Gracias, maestras!

A continuación, en esta entrega, se comparte el testimonio de dos maestras, Gloria y Mercedes. La próxima entrega tendrá los testimonios de Nubia y Rosa desde Risaralda y Norte de Santander.

Gloria Johana Quintero Orrego, profesora rural en la Localidad 5ª de Bogotá, en la Escuela El Hato en Usme, en el bajo Sumapaz. Decidió mudarse cerca de allí para estar en contacto con sus alumnos. Es Licenciada en psicología y pedagogía en la Universidad Pedagógica Nacional y, después de ser orientadora escolar por varios años, dedicó su vida a enseñar a los niños del sector rural de Bogotá. Durante los últimos diez años ha sido docente de aula.

Mercedes Artunduaga Bermeo, es actualmente la coordinadora de la Mesa de Educación Rural en Florencia, en el Departamento del Caquetá. Después de cinco años de trabajo en el salón de clase, durante 14 años fue coordinadora de Educación Rural y se desempeñó otros 29 años como supervisora de educación rural. Está retirada desde 2019 para continuar coordinando la Mesa de Educación Rural en el Caquetá.

  • Bernardo N: ¿Cuánto tiempo se gasta desde su casa a su trabajo? ¿Cómo se transporta?

Gloria Q: Antes llegábamos a la escuela como fuera, en tractor o en camión. Desde hace dos años, por fin tenemos una ruta escolar que sale para la zona rural desde la parte alta de la localidad de Usme. Hasta allá tenemos que llegar en transporte público. Es un recorrido aproximado de una hora y media, desde mi casa a la escuela. Por eso hay que levantarse temprano.

Mercedes A: Me tocó moverme por todo el Caquetá por más de 15 años, en lancha, a caballo, en jeep, en flota, en lo que fuera y todo por nuestra cuenta. En ocasiones los viajes duraban todo un día. Hoy mi trabajo en la Mesa de Educación Rural lo hago en Florencia desde el año pasado, y ya no me toca ir a las veredas.

  • Bernardo N: ¿Por qué es maestra?

Gloria Q: Al comienzo quise ser psicóloga. Como no podía pagar una universidad privada, gané un cupo en la Universidad Pedagógica Nacional y me gradué como Licenciada en psicología y pedagogía. Y fue en esta misma Universidad donde años después terminé mi Maestría. En el pregrado trabajé desde el primer semestre para pagar mis gastos. Maduré a la fuerza y siempre iba más adelante que las compañeras de mi edad. No tuve viernes de fiesta. Siempre trabajé y estudié.

Me encanta ser maestra, pero comencé como orientadora escolar y comunitaria en colegios de religiosas, hasta cuando llegué a trabajar a entidades de Bienestar familiar. Siempre  quise  trabajar con campesinos, en la zona rural. En el Distrito había plazas disponibles para maestros; entonces me presenté a concurso y logré el cupo para esta escuela rural en la Localidad de Usme. Estoy en el Hato, porque así lo quise. Estos 10 años de ser maestra, son mi mejor experiencia. Yo he tenido aprender a  conocer a mis estudiantes y adaptarme a ellos, a sus necesidades. Ahora sé quién es cada uno, lo que sienten, lo que sueñan. Lo más difícil de todo esto es conocer casos de niños en situaciones muy duras en las que no puedo intervenir. Es muy triste quedarse en ocasiones con las manos atadas.

Mercedes A: Soy maestra porque nací maestra. Desde niña quise serlo y lo logré. Después de enseñar en el aula, me nombraron supervisora. Un año me asignaron docentes para que los evaluara en la vereda la Florida, de San José del Fragua. Allí vivía sola con un hijo, una profesora que se llamaba Gloria, como a 3 horas cordillera arriba. Me bajé del caballo y entré a su escuelita de tabla. Me demostró su inmensa alegría porque alguien iba a visitarla. Cuando la conocí ya era de edad, sin marido; los compañeros la ayudaban. Era de escalafón A, el nivel de los muchos que se habían hecho a pulso, sin tener título. Estudió en la Escuela normal, pero no alcanzó a llegar a un nivel superior. Pero era maestra por amor. Los supervisores teníamos la posibilidad de decir quién seguía y quién no. Ella se esforzaba mucho. Entonces yo la sostuve, le di ánimos y llevo ese recuerdo en mi corazón.

Los viajes eran lo más difícil para mí porque tenía que dejar a mis hijos. A veces duraba una semana viajando por ríos, visitando escuelas. Al volver a mi casa miraba las caritas de mis niños y leía en sus ojos si los habían tratado bien. Siempre eso fue muy duro para mí. Eso no debe ser y considero a los profesores que deben hacer eso.

  • Bernardo N: ¿Cómo está pasando este momento de emergencia y pandemia?

Gloria: Se nos ha pedido que hagamos trabajo virtual, pero es una situación muy difícil, como nadie se la imagina. Aunque en la escuela del Hato hay electricidad, no hay conexión a internet. No hay dinero para pagar una copia de un trabajo y es muy difícil llegar a los niños. Entonces yo los llamo todas las semanas. Algunos no me contestan porque no tienen señal y hay que insistir y buscarlos. En mi grupo la educación es casi personalizada. Yo puedo conversar por largo rato con varios de los papás y algunos aprovechan para “desahogarse” conmigo. En la zona periurbana de Usme hay señal, pero existen dificultades como las de una mamá enfermera que llega tarde y debe atender las crisis de asma de su hijo y, por eso, él no ha tenido tiempo de hacer sus talleres. Ahora, las familias me llaman y me envían guías desde el celular en cualquier horario. Se podría decir que soy profe 24 horas. Siento que es mi deber estar siempre pendiente de ellos. Así estamos ahora.

Mercedes A: Gracias a Dios puedo disfrutar este momento de mi vida, después de tánto tiempo de trabajo. Quería salir a ver el mundo qué había dejado y que se me había pasado enfrente durante tánto tiempo como maestra. El magisterio lo marca a uno y uno ve la dinámica del mundo de un modo diferente. Miro a la gente trabajar y estoy en un momento de satisfacción por el deber cumplido. Ayudo a un colegio con la virtualidad rural y desde la coordinación de la mesa de Educación rural.

  • ¿Qué mensaje quiere dar a sus alumnos, a los padres de familia, a las autoridades educativas, con ocasión del día del maestro?

GLORIA: A  los alumnos, que se cuiden, que estén bien y sanos, que saldremos adelante. Que cuando volvamos, los quiero ver a todos. Yo seguiré haciendo mi trabajo aunque esté lejos. A los padres de familia, que tengan paciencia, que comprendan a sus hijos, que los conozcan más y los sigan queriendo. Esto es duro para todos y todos estamos aprendiendo, porque es algo que jamás habíamos vivido.

MERCEDES: Que el docente se aventure a comprender al niño y su manera de ser y que desde allí enseñe. Que se preparen, pero que dejen que fluya la clase a partir de lo que dicen y son los niños. El aprendizaje se vuelve muy ameno cuando nace de la manera de ser de los niños. A los padres de familia, hay que decirles que hoy han cambiado los tiempos. La tecnología tiene que servir para aprender. Hay que acompañar al niño, enseñarle a usarla y confiar en ellos. Es verdad que pueden aprender cosas que no les convienen. Hay que orientarlos y permitir el acceso. Aunque haya riesgos, es más lo que se pierde si no la usan que si tienen acceso correcto a ella.

*Esta nota periodística no representa la postura de Acción Cultural Popular – ACPO organización dueña de la marca registrada Periódico El Campesino y www.elcampesino.co. Con ello, tampoco compromete a la organización ni al periódico en los análisis realizados, las cifras retomadas, los entrevistados que aparecen, entre otros. 

Por: Bernardo Nieto Sotomayor. Equipo Editorial Periódico El Campesino.

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