Opinión: Limpios, juntos, pero no revueltos frente al Covid-19

Hoy, nuevamente el Maestro Javier Serrano Ruiz es la fuente de información para esta nota. A él agradecemos su disposición, claridad y su maravilloso sentido común para hacer las recomendaciones que aquí presentamos para combatir el Covid-19.

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Foto: Iagua. Tomada de: https://bit.ly/3aS4stL

El Maestro Javier Serrano Ruiz, ha trabajado en el diseño de políticas educativas para el sector rural colombiano durante muchos años, como coordinador y asesor del Ministerio de Educación nacional para la Educación rural. Es Licenciado en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, Magíster en Lingüística y en Educación de la Universidad Osnabrück, en Alemania. Gracias a esta importante fuente tenemos las siguientes recomendaciones. 

Casi todos los esfuerzos para prevenir y controlar el contagio del coronavirus se han enfocado principalmente en las ciudades, donde está la mayor cantidad de habitantes del país. Pero poco se habla de las urgentes medidas que también es necesario aplicar para evitar que el contagio llegue a las zonas rurales, donde el sistema de salud es precario y el derecho a la salud está menos garantizado. Quienes viven en las ciudades esperan que les siga llegando la comida sin inconvenientes, pero si no protegemos y atendemos urgentemente a los campesinos, la fuente de la vida puede estar amenazada. 

¿Qué medidas pueden ayudar a preservar la vida de más de doce millones de colombianos que viven y producen en las zonas rurales? 

Debemos entender y decidir que sí es importante cuidarse. Mucha gente lo va aceptando, pero no sabe bien cómo hacerlo. Estas sugerencias pueden ser muy útiles para quienes orientan, educan o deciden. 

Sepa muy bien dónde metió las manos y tenga en cuenta que los demás hicieron lo mismo que usted. Por usted y por los demás, no salude de mano ni de abrazos. 

El aseo en nuestro cuerpo y, especialmente en las manos, es definitivo. Hay que tener agua y jabón siempre disponibles para que usted y sus trabajadores se laven siempre muy bien las manos, especialmente antes de cualquier comida. Si se secan después con la camisa o en el pantalón, se pierde la lavada. Hay que secarse con toallas limpias o con papel desechable. 

No sonarse con las manos, no tocarse la cara ni la boca con las manos. Al ir al baño, hay que ser muy aseados y, después de usar un baño, especialmente si también otros lo usan, hay que asearse muy bien, dejar los baños limpios y hay que lavarse las manos cuidadosamente con agua, jabón y secarse con toallas limpias o papel desechable. 

Todo bien limpio. En tiempos de recolección o siembra, cuando hay trabajadores reunidos, es necesario mantener perfectamente limpios los baños, los bebederos, los comedores, los dormitorios y todos los sitios de reunión. Tiene que haber gente que se dedique a esta labor.

Cada uno con su pocillo, cada uno con su totuma.  En este tiempo, no se puede compartir ni el pocillo, ni los cubiertos. Cada uno debe tener su propio pocillo, para todo: para el café, para el punto donde la gente va durante el trabajo a tomar agua, guarapo o “aguamiel”, como la llaman en algunas partes. No lo comparta. No es egoísmo, es supervivencia. Lávelo muy bien con agua y jabón antes y después de usarlo. 

Ni todos juntos, ni todos al tiempo. Especialmente durante la jornada de trabajo no hay que ir al bebedero o al sitio de los refrescos todos al tiempo, ni sentarse en grupo todos al tiempo debajo del mismo árbol. Se puede hacer turnos para los descansos o, en todo caso, hay que mantener la distancia mínima de dos metros entre una persona y otra.   

La herramienta no se presta. Es necesario organizar los trabajos, las tareas, de manera que cada persona trabaje el mayor tiempo posible con la misma herramienta. Si hay que prestarla, se debe lavar muy bien el cabo o la cacha con agua y jabón.

Siempre un surco de por medio. Hay que mantener distancias durante el trabajo. La mayoría de las labores de los campesinos, como la siembra, el abonado o la recolección de la cosecha, se hacen por surcos y se necesitan varias personas al tiempo. Se pueden organizar esos trabajos conservando una distancia mínima de dos metros con otras personas. Para eso se pueden repartir los surcos dejando siempre un surco por medio; así no se aumenta el tiempo de trabajo, pero se evita el contacto cuando alguien tose, estornuda o escupe. 

Cuando se encuentre con los amigos, ¡ni de vainas saludar de mano! No es desprecio, es cuidarse y cuidar a los demás. Usted no sabe quién puede tener el virus, aunque no parezca enfermo.

La cervecita mejor en la casa. En la tienda se la recibo…, ¡pero de lejitos! Y más tardecito, porque por ahora juntos no podemos. ¿Qué tal que uno de nosotros esté enfermo y no lo sepamos? Todos nos fregamos.

En la finca, la carga va en el carro y usted, a pie. En muchos casos, los productos de la cosecha que se recoge se llevan del lote a la pesa en un vehículo de motor. Esto mismo sucede con el abono que se lleva desde el depósito hasta el lote. Entonces la gente se sube al vehículo, en racimo, apretujados, para ir hasta el sembrado o para regresar. En estos momentos hay gran riesgo, si alguno de los trabajadores está contagiado y pasa su contagio a los demás. Por eso, la carga en el carro y usted, a pie.

Turnos para hacer las vueltas del pueblo. Es muy recomendable escoger una sola persona para salir al pueblo para “hacer las vueltas” o para hacer labores afuera de la finca. Si necesita compañía para ir al pueblo, -un chofer, por ejemplo,- que sea siempre la misma persona y que no se baje del vehículo. Esto ya se está haciendo en muchos pueblos. Al regresar de hacer las “vueltas” o “los mandados”, estas personas se deben bañar y cambiarse la ropa antes de saludar a todos y, especialmente, antes de saludar a los niños que salen a recibirlos para ver si les trajeron algo de comer.

“El que se vaya sin permiso, no vuelve”. Cuando hay aglomeración de personas, es necesario designar quien da la autorización para salir al pueblo. En muchas ocasiones, los trabajadores “andariegos”, a destajo, se van el fin de semana al pueblo a festejar o a la tienda. Si se logra convencer a la gente de cuidarse y garantiza la comida, es más fácil que los trabajadores a destajo se queden trabajando.

Los enfermos deben dormir aparte. No amontone la gente en el dormitorio. Los dormitorios de los recolectores suelen ser congestionados y están diseñados para situaciones “normales” dependiendo del tamaño de la cosecha, que no se puede prever, y para cuando no hay epidemias. En estos momentos es necesario dejar un lugar para que duerman los que tengan síntomas de gripa. Hay que abrir las ventanas y las puertas para que entren el sol y el viento.

Cuando los vehículos no estén ocupados, déjelos al sol y con las puertas y ventanas cerradas. La temperatura puede subir lo suficiente para “matar” virus, según dicen algunos y esto no suena loco. Asigne un solo chofer para los vehículos que apoyan las labores. De todos modos, es necesario desinfectarlos con agua y jabón y mantenerlos en perfecto estado de aseo.

No use bolsas de plástico para las compras. Hay que revivir el uso de las mochilas de cualquier material y lavarlas al regresar de comprar. Traiga a la casa el mínimo posible de plástico.

Antes de salir a comprar haga una lista y piense en lo que debe comprar. Procure estar en el pueblo el menor tiempo posible, tenga en cuenta dónde va a ir a comprar y hágalo en pocos sitios. Compre en un solo sitio todo lo que se pueda.

Una última recomendación. Para el Covid 19 no se conoce todavía un remedio. Pero si usted cree que tomar agua con limón en ayunas lo previene, o si cree que sirve mandarse rezar o que lo “secreteen”, hágalo. ¡ Pero por nada del mundo deje de lavarse las manos y mantenerse lejos de los demás!

Hasta la próxima, limpios, sanos y salvos.

*Esta nota periodística no representa la postura de Acción Cultural Popular – ACPO organización dueña de la marca registrada Periódico El Campesino y www.elcampesino.co. Con ello, tampoco compromete a la organización ni al periódico en los análisis realizados, las cifras retomadas, los entrevistados que aparecen, entre otros.

Por: Bernardo Nieto Sotomayor. Equipo Editorial Periódico El Campesino.

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