Opinión: Perfiles maestros, los héroes de la educación rural en Colombia

Este es el cuarto reportaje de la serie con profesoras rurales. El testimonio es un homenaje a los maestros y maestras rurales que ejercen su profesión en medio de innumerables dificultades, impuestas por las distancias, el olvido estatal y la falta de medios para su noble labor.

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Foto por: Educación Rural.

Desde Pereira, este resumen, aún a riesgo de sacrificar aspectos importantes, presenta la nobleza de su tarea en una conversación llena de recuerdos y anécdotas. ¡Gracias, maestra!

Nubia Marina Bedoya Poloche, trabaja en la zona rural de Santuario. Combina su residencia en Pereira con constantes estadías en Peralonso, un casco poblado cerca de Santuario, sede de la Escuela rural de Nuestra Señora del Rosario, de la que es directora. Allí vive por temporadas en una finca que arrendó para estar cerca de sus alumnos, de la comunidad y para llegar hasta las apartadas zonas donde trabaja.

  • Bernardo N: ¿Cuánto tiempo se gasta desde su casa a su trabajo? ¿Cómo se transporta?

Nubia B: Desde hace cuatro años y medio me muevo entre Pereira y Santuario. Hay dos horas de ida y dos de venida en transporte público o una hora y media en carro “trochero”. Alquilé una finquita cerca del casco poblado Peralonso, para estar con la comunidad. Tengo que atender cinco sedes en lugares de difícil acceso y me quedo algunas noches a dormir en la finca. Mi trabajo es como el de un Rector, pero sin coordinador académico ni administrativo, sin auxiliar, ni secretaria.

  • Bernardo N): ¿Cómo fue su época escolar? ¿Dónde y qué estudió?

Nubia B: Nací en Tuluá y soy la de la mitad entre 7 hermanos. Mi mamá fue maestra voluntaria y con carbón y una tabla, enseñaba desde chiquita. Me enseñó a leer y escribir antes de entrar a primaria y me adelanté. Cuando tenía 9 años ella murió y mi papá que era criador de caballos de paso se fue. Mis tres hermanos mayores se hicieron cargo de mí. Fui buena estudiante y a los catorce años me gradué de bachiller.

Comencé a estudiar comercio internacional, pero me cambié a economía. Después de trabajar un tiempo en Bogotá, comencé en Pereira una maestría en comunicación educativa, pero no me gradué. Estudié otra maestría en Educación con énfasis en Desarrollo humano y actualmente soy alumna del doctorado en Educación en la Universidad de México. Además de mi responsabilidad en las escuelas rurales, he sido docente de economía y soy docente de Derechos humanos y Constitución política en la Universidad tecnológica de Pereira. Ya son 28 años de experiencia educativa.

  • Bernardo N: ¿A quiénes recuerda como sus maestros?

Nubia B: Mi mamá, mi primera maestra, me dio herramientas para mi vida. Se me fue demasiado pronto. También aprendí cómo era de laborioso y esforzado mi papá mientras estuvo con nosotros. Todo lo que había en mi casa lo hizo con sus manos. También recuerdo a algunos profesores, por ejemplo, a mi profesor de álgebra, de quien me enamoré de adolescente porque era muy bello, aunque fue sólo de ojos. (risas).

En 2017, al año y medio de estar como Rectora rural, me gané el premio a la mejor rectora del país en el uso de las tecnologías de la información y de la comunicación. Computadores para Educar organizó un concurso y donde yo trabajaba no había internet. Monté clases de inglés para los niños, dictadas desde Oxford, en Inglaterra. Con los datos de mi celular “enganchamos” un computador y nos metimos a las clases especiales para niños. Conectamos las imágenes del computador a un proyector y proyectamos las imágenes en un telón. Las profesoras inglesas daban las clases a los niños, pero no hablaban español. Entonces yo les ayudaba. Como premio, Lenovo, una de las empresas patrocinadoras, me llevó a Estados Unidos a su planta y a la de la IBM. Es el único premio que ha dado Lenovo.

  • Bernardo N: ¿Por qué es maestra?

Nubia: La vida me hizo maestra. Trabajé para la Organización Internacional para las Migraciones. Durante casi 8 años me movieron desde el litoral Atlántico hasta el Pacífico atendiendo víctimas y desplazados del conflicto armado, raizales, afrocolombianos, negros, indígenas y palenqueros. En 2014, cerca de Bojayá, la guerrilla nos quemó la avioneta.

Con una amiga médica nos metimos a fondo en el trabajo e hicimos cosas buenas en Nariño. No sabíamos cómo sanar y acompañar a las mujeres víctimas de violencia sexual y eso dolía. Les montamos unas huertas donde ellas podían tener unas maticas de río para sanarse y otras para las comidas. Y alrededor de eso iniciamos un proceso de sanación. En un monte cerca de Popayán un día me pararon unos tipos que llevaban explosivos. Después de que se fueron avisé a las autoridades y los cogieron. Poco después me llegó un sufragio a mi casa. Hablé con mi jefe y me vine para Pereira.

Mi amiga se quedó y, al poco tiempo, la mataron. Yo sigo viva, pero la vida me pasó el preaviso y terminé mi contrato el 30 de mayo del 2015. Desde 1996 ya me había vinculado como profesora en la Universidad. Y ahora estoy de maestra rural. Lo más difícil durante este tiempo fueron los momentos cuando mis hijos se fueron a estudiar fuera del país. Y algo muy duro es ver las condiciones de miseria de los niños, de las víctimas del campo, su situación de pobreza tan injusta.

  • Bernardo N: ¿Cómo está pasando este momento de emergencia y pandemia?

Nubia B: Cuando nos anunciaron la cuarentena, yo ya tenía adelantada la planeación; ya teníamos talleres para desarrollar en casa y los mandamos a los niños. Como en esta zona no hay ni internet ni televisión, con un colega de la Universidad Tecnológica de Pereira unimos capacidades con estudiantes de último semestre y egresados de Comunicación e Informática Educativa y montamos el programa radial “En Sintonía con la Educación”, con el “Colectivo Imparciales”, pues la educación no puede ser parcializada.

Apoyamos la idea del Secretario de Educación, damos asesoría a los profesores y hacemos programas de radio para los niños. Desde FM 100.2 de la Gobernación, nos enlazamos con emisoras comunitarias y con las emisoras del ejército y así llegamos a toda Risaralda. Hay clases por radio para primaria y bachillerato. Y cualquier celular, aun los “flechas”, puede recibir los programas de radio, pues los cables de los cargadores de los celulares sirven como antena.

  • ¿Qué mensaje quiere dar a sus alumnos, a los padres de familia, a las autoridades educativas, con ocasión del día del maestro?

Nubia B.: A los estudiantes, aunque yo sé que el esfuerzo es mayor, el aprendizaje también puede ser mucho mejor, porque pueden aprovechar la compañía de los padres. Y lo mismo les digo a los padres: acompañen a los niños. Más que cuadernos llenos, hay que llenarlos de mejores aprendizajes. Mis colegas son unos valientes. La gran mayoría ha tenido que aprender de educación virtual a la fuerza y a la carrera.

Los maestros necesitamos más apoyo, más materiales, más cartillas. Muchos tienen que comprar los materiales con su sueldo. En mi escuela no tengo ni un centímetro de tierra y a veces no hay agua ni en invierno ni en verano. Con las canecas que yo llevo en la camioneta, recojo agua regalada de las familias campesinas para que los niños tengan agua en los baños y para preparar el almuerzo. Somos del “sector privado”: privados de todo; sin conectividad ni agua. La plata invertida en educación es la mejor inversión y nos puede salvar la vida. Sin campo no hay comida y sin comida no hay vida.

*Esta nota periodística no representa la postura de Acción Cultural Popular – ACPO organización dueña de la marca registrada Periódico El Campesino y www.elcampesino.co. Con ello, tampoco compromete a la organización ni al periódico en los análisis realizados, las cifras retomadas, los entrevistados que aparecen, entre otros. 

Por: Bernardo Nieto Sotomayor. Equipo Editorial Periódico El Campesino.

 

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