Opinión: Volver a clases presenciales, sólo cuando la salud y vida de todos esté asegurada

Se desea volver a las clases presenciales porque hay una afectación negativa grave en la calidad educativa. En muchos lugares, los maestros muestran falta de preparación para asumir el proceso educativo a través de los medios de comunicación.

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Foto por: David Mark - https://bit.ly/2zgMgsY

Recientemente la Ministra de Educación anunció la intención de retomar las actividades escolares presenciales a partir del primero de Agosto. Días después aclaró que ese sería un mes de preparación de los protocolos de seguridad y salud. Muchos son los interrogantes y dudas que surgen con este anuncio. Por una parte, es necesario comprender los problemas que enfrentan las autoridades educativas del país y que han motivado su decisión; y también hay que meditar sobre las reacciones de directivos docentes, maestros, padres de familia y, por supuesto, de los estudiantes frente al anuncio.

La afectación de la calidad educativa. Se desea volver a las clases presenciales porque hay una afectación negativa grave en la calidad educativa. En muchos lugares, los maestros muestran falta de preparación para asumir el proceso educativo a través de los medios de comunicación. Lo que se está llamando “educación virtual” es el uso, muchas veces precario, de diferentes medios de comunicación: radios comunitarias, video conferencias, la transmisión de imágenes y documentos por internet y la entrega de guías físicas de trabajo. Se busca mantener el contacto entre las instituciones educativas, los estudiantes y los padres de familia con actividades educativas a distancia, pero sin un sistema de educación virtual diseñado e implementado con rigor.

Falta de conectividad a internet y de acceso a computadores y teléfonos inteligentes. Se han hecho evidentes las dificultades para acceder a internet de una inmensa mayoría de familias en los sectores rurales y en muchas ciudades, además de la falta de computadores y teléfonos “inteligentes”. También se presentan en zonas rurales casos extremos, cuando ni siquiera hay acceso a la radio.  Por esto, muchos han tenido que abandonar los estudios.

Los problemas en casa. Además de su trabajo, los papás tienen que ayudar en las tareas de sus hijos, pero no saben enseñar o su nivel educativo no les permite contribuir al aprendizaje escolar de los niños y jóvenes. Con sus papás obligados a trabajar en casa o sin trabajo y muchas veces sin recursos para alimentarse bien, los niños son víctimas de la violencia intrafamiliar, con consecuencias graves. Además, están sintiendo el aislamiento, la falta de compañeros de juego y de estudio. Ha crecido el insomnio y hay regresión en el desarrollo infantil de niños y niñas que se han vuelto a orinar en la cama. Para muchos, el alimento que se recibía en el colegio no era sólo un aliciente para ir a estudiar, sino su fuente principal de alimentación. Ahora los amenaza la desnutrición.

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Estos problemas, entre muchos otros, justifican la preocupación de las autoridades educativas y su urgencia por regresar a clases presenciales. Pero para ello, es necesario tener bajo estricto control todos los riesgos de contagio entre quienes intervienen en el proceso escolar y, a través de ellos, a sus familias: estudiantes, profesores, empleados, padres de familia, transportadores, proveedores de alimentos.

Javier Serrano Ruiz, experto en educación, miembro de la Mesa de Educación Rural y de la Misión de Educadores y sabiduría ciudadana de Bogotá, nos permitió conocer sus opiniones y las de otros educadores sobre el tema.

“En las comunidades rurales el peligro mayor de contagio está en quienes salen a hacer vueltas o vienen de afuera: la  maestra, que vive en “el pueblo” y estudiantes que viven en la cabecera municipal y vienen todos los días. Esto es cada vez más común en los municipios, incluido Bogotá, donde alrededor del 80% de los matriculados en establecimientos rurales viven en la zona urbana.

Además, en las zonas más alejadas y menos atendidas, los principales riesgos son el hacinamiento en una sola aula (multigrado) y las malas condiciones higiénicas. Hay escasez de agua limpia y suficiente y se ha anunciado una sequía que afectará a muchas zonas rurales. Las dotaciones de bioseguridad, ordinariamente no llegan a las escuelas rurales. El aislamiento de los contagiados suele ser más precario en las viviendas rurales pobres; peor aún, la posibilidad de traslado hasta una UCI, cuando se requiere. Es decir, en muchos casos “¡el que se agrava se muere!”. 

Gloria Quintero, Escuela El Hato, bajo Sumapaz, Bogotá. Si se da el regreso a clases antes de tener la vacuna, perderemos lo que ganamos con el tiempo de aislamiento. Es difícil que los niños mantengan distancias, usen bien los tapabocas y guarden el aseo. ¿Cuáles son los protocolos para el transporte escolar y quién los controlará? ¿Hasta dónde llega la responsabilidad legal y ética del maestro por la salud de los niños? Si llega un niño enfermo, la posibilidad de contagio es real. Es preferible terminar el año en las condiciones actuales y esperar a ver qué pasa con el tema de las vacunas. Si es necesario, reacomodaremos los procesos el próximo año: un primer trimestre de nivelación y luego comenzar un nuevo nivel o curso superior. Sobre alternar la asistencia, ¿Cómo se darán las clases? Los que se quedan en casa, ¿qué harán? La salud y la vida de las familias, los niños y los maestros no se puede arriesgar.

Henry Miranda, sede San José, Gimnasio del Campo Juan de la Cruz Varela, localidad 20 Bogotá, Sumapaz. La comunidad de Sumapaz ha sido muy autónoma. Ella autoriza el retorno a las escuelas o la alternancia. Los padres de familia quieren que ellos y sus familias estén sanos aunque se pierda el año lectivo. En conversaciones privadas afirman que no aceptarán la exigencia de regresar a los niños a clase. “El 99% de los maestros vivimos en Bogotá, Fusagasugá, Cabrera y Pasca y ninguno de esos municipios está libre de COVID”. Por eso, los maestros podrían ser fuente de contagio. Aunque no hay hacinamiento, en las sedes unitarias, en un solo salón tenemos niños desde los 3 hasta los 11 años, con todas las dificultades para cumplir los protocoles de bioseguridad. La comunidad y el sindicato agrario están interesados en la salud y seguridad de la comunidad más que en el regreso a clases.

Lena Barros, de la Dirección de Calidad, SED Meta. Ninguna institución del país está preparada para un sistema de alternancia, como está planteado. El niño debe trabajar en una metodología por proyectos y eso implica todo un rediseño de la propuesta pedagógica. La metodología de alternancia, como la conocemos, fue diseñada para secundaria, media, jóvenes y adultos. ¿Y los más pequeños, los de primaria, qué? En el sector rural también hay internados y el sistema de alternancia es poco funcional en esas condiciones. En el Meta hay 750 sedes rurales, no hay plata para financiar protocolos de bioseguridad y pagar a quienes estén pendientes de que los niños cumplan con el lavado de manos, el distanciamiento social, los tapabocas, sin contar el transporte, la alimentación, etc. En los salones no se podrían atender más de 12 estudiantes, cuando normalmente tenemos a 33. ¿Cómo se alternan? El tema es muy largo de analizar.

Mercedes Artunduaga, Mesa de Educación Rural de Florencia y Caquetá. La medida es improcedente, inoportuna, arriesgada y poco responsable. Son niños y jóvenes que poco se preocupan por su autocuidado y existe un gran riesgo de que se desborde el contagio en esta población. Hay que esperar a que el virus esté controlado para retomar las clases presenciales. Durante este tiempo sugerimos que el Ministerio extienda la conectividad y dote de equipos a la población y a los colegios y que apoye a los maestros, que están haciendo maromas para dar sus clases a distancia o mantener contacto con los estudiantes y sus familias.

Nubia Marina Bedoya. Directora rural del Centro Educativo Nuestra Señora del Rosario, Santuario, Risaralda, hizo para el BID hizo una encuesta sobre futura asistencia escolar durante la pandemia. Los resultados fueron: El 70% de los padres de familia no enviará a los hijos al colegio el 1 de agosto. El 10% no está seguro de hacerlo, pues tiene dudas y miedo de contagio. El 20 % lo haría, porque les toca, pues los niños están solos en casa o viviendo con familiar. Los papás temen al contagio.

En conclusión, las decisiones “generales” no sirven. Las decisiones territoriales dependen del análisis previo y minucioso de las circunstancias de cada territorio y de la posibilidad de que los niños, sus familias y los maestros cuenten efectivamente con las condiciones necesarias para mantenerse sanos pese al contacto.

Es decir, para volver a clases presenciales hay que garantizar por anticipado las condiciones de bioseguridad y los apoyos necesarios. Por tratarse de la vida de todos, es importante discutir el asunto con las familias y con explicaciones COMPRENSIBLES sobre los riesgos y los compromisos. En esta cuestión es preferible “perder” el año escolar, que la vida de quienes tienen que trabajar en él.

*En el contenido y la revisión de esta nota recibí la asesoría especial del Maestro Javier Serrano Ruiz, experto en educación, a quien doy especial reconocimiento.

*Esta nota periodística no representa la postura de Acción Cultural Popular – ACPO organización dueña de la marca registrada Periódico El Campesino y www.elcampesino.co. Con ello, tampoco compromete a la organización ni al periódico en los análisis realizados, las cifras retomadas, los entrevistados que aparecen, entre otros.

Por: Bernardo Nieto Sotomayor. Equipo Editorial Periódico El Campesino.

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