Regresa el premio que enaltece a los defensores del medio ambiente

En la versión del pasado 2018, Francia Marquez, una líder afrocolombiana fue la gran merecedora de este galardón que año a año enaltece la labor de los defensores del medioambiente.

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Foto por: Semana Rural

Se trata de un reconocimiento que honra a las personas que por sus esfuerzos significativos para proteger y mejorar el medio ambiente, son considerados héroes. La primera ceremonia del premio Goldman Ambiental, fundado por Richard Goldman y su esposa Rhoda Goldman, se llevó a cabo el 16 de abril de 1990, programada para coincidir con el día de la tierra. 

Los nominados hacen parte de las seis regiones categorizadas por ellos mismos:  África, Asia, Europa, Islas e Islas, América del Norte, y América del Sur y Central. Este año el premio Goldman Ambiental cumple su aniversario número 30 y  la premiación será el lunes 29 de abril en San Francisco y miércoles 1 de mayo en Washington.

Los ganadores, llamados líderes «de base» son aquellos involucrados en los esfuerzos locales, donde se crea un cambio positivo a través de la participación de la comunidad en los problemas que los afectan. Al reconocer a estos líderes individuales, el premio busca inspirar a otras personas comunes y corrientes a tomar acciones extraordinarias para proteger el mundo natural. Además, estos líderes reciben el reconocimiento internacional que realza su credibilidad y apoyo financiero para continuar con su visión de un entorno renovado y protegido.

Para la categoría de América del sur y central, Colombia ha tenido reconocimientos en 5 ocasiones. La primera vez, el ganador fue Juan Mayr, fotógrafo y ecologista que en 1993 unió grupos dispares para proteger la Sierra Nevada de Santa Marta.

Cinco años después en 1998, Berito Kuwaru’wa indígena del pueblo U’wa, emprendió una campaña internacional no violenta para que las compañías petroleras multinacionales no perforaran las tierras aisladas y tradicionales de su pueblo, ya que consideraban el petróleo como la sangre de la madre tierra.

En 2004, la primera colombiana en ganar este premio fue Libia Grueso, que obtuvo más de 5.9 millones de acres en derechos territoriales para las comunidades afrocolombianas del país. En 2013, la ganadora fue Nohra Padilla quien organizó a los recicladores marginados de Colombia para hacer del reciclaje una parte legítima de la gestión de residuos.

El año pasado, Francia Márquez, una mujer afrocolombiana de la vereda Yolombó al norte del departamento del Cauca, fue la ganadora de tan importante premio, ella es una de las tres  mujeres colombianas que lo ha ganado. Con 36 años de edad, ha liderado una lucha en contra de la minería ilegal, además de batallar legalmente en contra de la asignación de títulos mineros a multinacionales que pretenden practicar la actividad en territorios ancestrales.

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En 2014, tras los desplazamientos y daños causados al río Ovejas, en la Toma, Cauca; Francia recurrió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Colombia y después organizó una marcha de 10 días, en la que  80 mujeres de la comunidad, caminaron 350 kilómetros hasta llegar a Bogotá.

Esta acción de lucha, despertó el interés por la situación de  minería ilegal que afectaba al departamento del Cauca y como respuesta, en el año 2015, el Gobierno creó un grupo de trabajo nacional sobre minería ilegal. Además, para 2016 toda la maquinaria que operaba fraudulentamente en La Toma, había sido físicamente removida o destruida.

En su discurso el día de la premiación, Francia conmovió a los asistentes con su posición frente a la situación del planeta: «Hago parte de aquellos que sueñan que algún día los seres humanos vamos a cambiar el modelo económico de muerte para darnos paso a construir un modelo económico que garantice la vida».

A casi un año de haber recibido el reconocimiento, manifestó en una entrevista con La Silla Vacía que continúa participando en procesos sociales y organizativos de formación y acompañamiento con las comunidades. Además de afirmar que el premio sirvió para inspirar a los jóvenes, pues ahora están más  “comprometidos con procesos organizativos y la lucha comunitaria. Hay más niños y niñas queriendo ser ambientalistas y queriéndose parecer a la tía Francia”.

Así mismo, sigue enfocada en la defensa de su territorio; para enero se había presentado una demanda de restitución de derechos territoriales, no obstante resulta un desafío ya que como comenta “una de las estrategias es avanzar con la titulación colectiva del territorio. Pero hacerla en valles interandinos implica que cada quien entregue su pedacito de tierra”.

Respecto a la situación actual del país, manifiesta que el hecho de profundizar en el modelo económico extractivista implica poner en riesgo muchos territorios y comunidades, y por tal razón es indispensable que se generen estrategias para el desarrollo sin que tengan que continuar los desplazamientos y conservando la biodiversidad.

Además de su papel como activista en defensa del territorio, afirma que como mujer cree en un feminismo comunitario “donde todos construimos y transformamos las formas de violencia y lo digo reconociendo que en nuestras propias comunidades hay expresiones de violencias muy fuertes, de violencia de género, del machismo cultural”.

Por: Karina Porras. Periodista.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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