Religiosidad popular en la sociedad

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Religiosidad popular es una de las manifestaciones más tradicionales de la fe en nuestra sociedad. Distintas prácticas (Rosario, novenas, procesiones…) propias de la religiosidad popular han llevado a los fieles a aumentar su fe.

Por: Luis David Parrado Traslaviña

Cuando hablamos de “religiosidad popular” es necesario aclarar estos términos: la “religiosidad” hace referencia a la práctica de los preceptos (obligaciones) religiosos. De ahí que la religión se convierte en una virtud para la persona, en algo que es necesario para cada persona. Mientras que “popular” hace referencia al pueblo, involucrando sus costumbres y maneras de, en este caso, vivir la fe.
A nivel social, la religiosidad popular, según la sociología (estudio de la sociedad), se entiende como la manera en que la persona vive y experimenta su fe, siempre en un ámbito comunitario. O, dicho en otras palabras: la religiosidad popular es todo aquello que no se suele realizar en la eucaristía. La religiosidad popular es la manera en que el cristianismo se encarna en las diversas culturas y estados étnicos, y es vivido y se manifiesta en el pueblo. Ejemplos de religiosidad popular son varios: el santo Rosario, el viacrucis, las novenas, entre otros.

El pueblo recurre a la religiosidad popular para expresar su fe, de forma intuitiva y simbólica, imaginativa y mística, festiva y comunitaria. Si bien estas expresiones suelen ser de gran impacto para aquel que no está acostumbrado a las mismas, quien las practica sabe de antemano que no puede olvidar la necesidad de la penitencia y de la conversión, ya que estas prácticas son una manera sencilla de recordar esta invitación.

La religiosidad popular es una vivencia que está arraigada en nuestras familias. Muchos recordarán aquellos momentos en que nuestros padres nos llevaban al sermón de las 7 palabras, o cuando asistíamos a las procesiones de Semana Santa. Pero, ¿Cómo podemos diferenciar si un acto de oración pertenece o no a la religiosidad popular? El papa san Juan Pablo II, en su directorio para la piedad popular (2002) nos dice lo siguiente:

“Para poner remedio a estas eventuales limitaciones y defectos de la piedad popular, el Magisterio de nuestro tiempo repite con insistencia que se debe «evangelizar» la piedad popular, ponerla en contacto con la palabra del Evangelio para que sea fecunda. Esto «la liberará progresivamente de sus defectos; purificándola la consolidará, haciendo que lo ambiguo se aclare en lo que se refiere a los contenidos de fe, esperanza y caridad” (N° 65).

Existen muchos ejemplos de religiosidad popular. En su gran mayoría, la religiosidad popular obedece a, como ya se ha mencionado, la vivencia de la fe, pero también suele obedecer a mandatos plasmados en la Biblia. Algunas muestras de religiosidad popular son:

  • El santo Rosario Es la manifestación más popular de la religiosidad popular. Resume a la perfección toda la vida de Jesús, mediante los misterios, y la acción de la virgen María como intercesora ante el Cielo.
  • El viacrucis Expresión tradicional del Viernes Santo. Es la representación del camino que el Señor tomó hacia el Calvario, llevando a la persona a tomar conciencia de lo que significa el que Jesucristo haya dado la vida por la humanidad. También suele hacerse cada viernes de Cuaresma.
  • La corona de Adviento es una tradicióncristiana que simboliza el transcurso de las cuatro semanas del Adviento. Consiste en una corona de ramas (generalmente de pino o abeto) con cuatro (o en ocasiones cinco) velas. Comenzando el primer domingo de Adviento, el encendido de una vela puede acompañarse de la lectura de la Biblia y oraciones. Durante las siguientes tres semanas se encienden el resto de las velas hasta que, en la semana anterior a la Navidad, las cuatro velas están encendidas.
  • Las procesiones Son la manifestación masiva de una festividad cristiana. En su gran mayoría, suelen ir encabezadas por la figura de un santo, de la virgen María o del mismo Señor Jesucristo. Evidencian el cariño y el respeto por la “Jerusalén celeste”, siendo una invitación a vivir de tal modo de que podamos llegar a ese estado de santidad. Son conocidas las procesiones de la Dolorosa, san Isidro labrador, y las que suelen realizarse en las fiestas patronales de nuestros pueblos.
  • Novenas a los santos El gran objetivo de la veneración a los Santos, y de ahí que surgen las novenas, es la gloria de Dios y la santificación del hombre, mediante una vida plenamente conforme a la voluntad divina y la imitación de las virtudes de aquellos (los santos) que fueron discípulos ejemplares del Señor (N° 212).
  • Sufragios por los difuntos Consiste en la piadosa costumbre de orar por las almas del Purgatorio, que son una súplica insistente a Dios para que tenga misericordia de los fieles difuntos, los purifique con el fuego de su caridad y los introduzca en el Reino de la luz y de la vida. Estos sufragios son, en primer lugar, la celebración del sacrificio eucarístico, y después, otras expresiones de piedad como oraciones, limosnas, obras de misericordia e indulgencias aplicadas en favor de las almas de los difuntos.
  • Peregrinaciones La peregrinación, experiencia religiosa universal, es una expresión característica de la piedad popular, estrechamente vinculada al santuario, de cuya vida constituye un elemento indispensable: el peregrino necesita un santuario y el santuario requiere peregrinos. Desde la antigüedad, el peregrino ha querido llevarse algún «recuerdo» del santuario visitado. Se debe procurar que los objetos, imágenes, libros, transmitan el auténtico espíritu del lugar santo. Se debe conseguir que los lugares de venta no estén en el área sagrada del santuario, ni tengan el aspecto de un mercado.

La gran tentación de la religiosidad popular es caer en aquello que se conoce como superstición. El cristiano no debe caer en la superstición, ya que ésta es una comprensión inadecuada de lo religioso, pero que no conlleva al ateísmo o a la indiferencia. Sin embargo, la religiosidad popular no suele caer en la superstición, en parte, por la formación cristiana que se recibe tanto en la parroquia como en los hogares.

Como diría san Juan Pablo II, “Dios está lejos y a la vez está cerca, y esta relación se percibe en la religiosidad popular”. La Iglesia, siempre atenta a brindar una evangelización adecuada, tiene la misión de brindar los parámetros que cada cristiano debe poseer para desarrollar una vida religiosa adecuada. Es por eso que, en muchas ocasiones, la Iglesia recomienda que la vida religiosa del cristiano no se quede en la religiosidad popular. Por el contrario, estas prácticas deben llevar a que cada cristiano se sienta más necesitado de frecuentar la eucaristía y los sacramentos de la reconciliación y de la comunión.

BIBLIOGRAFÍA

http://es.catholic.net/op/articulos/603/cat/105/religiosidad-popular.html

http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20020513_vers-direttorio_sp.html

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