Carta del Campo: Sacha inchi, el legado de los Incas

Sacha Inchi es una planta con un gran aporte nutricional para el ser humano, además, se integra a la historia de nuestros ancestros como un alimento autóctono de nuestra amazonía. Aquí se cuenta por nuestra reportera rural Emilce López.

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Foto: Video Blocks

Gaia, nuestra madre tierra no se cansa de obsequiarnos maravillosos tesoros guardados en su vientre; y desde la vorágine verde del Amazonas surge un susurro llamado Sacha Inchi,  un bejuco que bien conocían los incas y que guarda en sus semillas un aceite vital; pero abrigado por el olvido permaneció callado hasta hace poco cuando redescubrieron sus sorprendentes cualidades nutricionales y medicinales.

La primera mención científica del Sacha Inchi fue hecha en 1980 en la Universidad de Cornell (Estados Unidos) donde el análisis del contenido graso y proteico de sus semillas, mostraron un alto porcentaje de proteínas (33%) y aceite (49%). En el año 2000, gracias al apoyo de científicos europeos y a la colaboración de la Universidad Agraria de la Molina (UNALM) en Perú, se confirmó la presencia de Omega 3, 6 y 9, además de proteínas y una gran cantidad de antioxidantes en las semillas.

El Sacha inchi, Sacha maní, maní del Inca o maní estrella, es una planta semileñosa y perenne, de la familia de las euforbiáceas. Es una especie vegetal  vigorosa, su primera cosecha comienza a los 6 u 8 meses dependiendo de la variedad, con una producción permanente por 5 años de vida útil, extensible hasta los 10 años. No es exigente en suelos, muy poco susceptible al daño de plagas y enfermedades, eso sí, demanda buena luz y como es una enredadera, requiere de tutores y de tendales de alambres, aunque también puede soportarse en troncos vivos.

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Hay dos formas de cultivo; una intensiva que no maneja sombra y otra en el que se utilizan forestales, que sirven de asocio al cultivo. El cultivo intensivo puede generar mayor producción por que no se compite por la luz; pero el asociado, presenta menos ataques por plagas y enfermedades, que al final puede generar mayor rentabilidad por menos costos de manejo.

En el primer año, una hectárea puede producir un promedio de 3000 kg de grano; para el segundo año puede estar generando 4500 kg de grano, o más de acuerdo con la forma de manejo. Carlos Palacio, director del departamento agrícola de la Cooperativa Sacha Colombia, afirma que esta planta puede crecer entre 12°C y 36°C, y  precipitación de 750 a 2500 mm por año.

Ya se está cultivando en Perú, Ecuador, Costa Rica, y  hay cerca de 150 Unidades Económicas Agroindustriales Independientes  en 19 departamentos del territorio Colombiano, gracias a la formación en el 2015 de la cooperativa Sacha Colombia que garantiza a los agricultores participar en la transformación y comercialización de los productos terminados con valor agregado.

Colombia es el país con mayor biodiversidad por área, y conociendo esta ventaja comparativa se eligió el cultivo de Sacha Inchi por sus grandes propiedades ya que su aceite  fue merecedor dos veces de la medalla de oro como el mejor del mundo por su alto contenido de omega 3. Los cooperados y sus familias participan de los beneficios que se derivan del encadenamiento productivo del Sacha inchi haciendo mejor uso de sus parcelas, pues en cada surco permite asociar cultivos de pan coger como maíz, mora, papa criolla, achiras, entre otros.

El Sacha Inchi se ha convertido en un cultivo no tradicional promisorio por su potencial para nuevos mercados nacionales e internacionales. También ha tenido un papel fundamental en la sustitución de la siembra de cocaína, como explicó el señor Palacio.

Aunque las variedades nativas son de clima cálido y templado, actualmente ya se cuenta con una variedad que crece bien en zonas  frías.

Anímate mi campesino a experimentar con estos productos cultivados desde antaño por las comunidades indígenas, y que aún no han sido acaparados por las multinacionales con sus patentes. El Sacha inchi es nuestro, es el legado de nuestros ancestros que renace para darnos vida, salud y esperanza.

Por: Emilce López Díaz. Reportera rural.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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