Un relato del Cauca al Huila por la cuna del Magdalena

Caminar el Macizo es sentirse vivo, es concebir realmente la magnitud de las montañas, las lagunas, las peñas, los ríos y las nubes. Caminar el Macizo es darnos cuenta de nuestra increíble y fuerte pequeñez. Caminar el Macizo es darnos cuenta de lo que somos capaces, de que siempre somos capaces.

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Foto por: Carmen Eliana Guamanga Muñoz.

El camino que conecta al Cauca con el Huila en las estribaciones de la laguna del Magdalena es mágico, desde la salida en Popayán, la ciudad blanca de Colombia, se percibe una sensación singular, sus calles blancas y coloniales, acompañadas de atardeceres indescriptibles hacen que la expedición hacia el centro hídrico más importante de Colombia empiece de la mejor manera.

Desde Popayán hasta Valencia, lugar donde empieza la caminata, son aproximadamente 6 horas en carro, hay que tomar la panamericana rumbo al sur. El primer municipio tras salir de la capital caucana es Timbio, un pequeño municipio que alberga una fuerte tradición cafetera. Después de aproximadamente 40 minutos se llega a Rosas, oficialmente se ha arribado a la puerta del Macizo colombiano.

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En Rosas, no se debe continuar por la vía Panamericana, hay que tomar el desvío hacia La Sierra, allí es aconsejable una pequeña parada para disfrutar de las delicias gastronómicas ofertadas por doquier y a muy buenos precios.

Si sufre de mareo es mejor que se tome una pastilla, o mejor, abra la ventana y disfrute del imponente paisaje. La vía que conduce desde la Sierra hasta La Vega (el corazón del Macizo Colombiano) es un sinfín de curvas, abismos, cafetales y vistas deslumbrantes. Así que deténgase regularmente, tome fotos y comparta con la gente, que siempre va a estar dispuesta a ayudarlo.

Admirar la naturaleza mientras se avanza en la montaña

Foto por: Carmen Eliana Guamanga Muñoz.

Al llegar a La Vega, respire profundo, sienta la bonita energía que tiene esta población, localizada entre encumbradas y hermosas montañas. Es aconsejable que para este punto ya esté dotado de ropa abrigada. La siguiente parada es Pancitará, un pueblito indígena incrustado en la cordillera, la iglesia de este lugar es especialmente bella, el techo conserva pinturas antiquísimas que le dan un toque de misterio y respeto, es fascinante.

Tome fuerzas por que el trayecto final hasta Valencia es el verdadero comienzo de la aventura, tendrá que pasar el páramo de las papas, allí es posible caminar entre frailejones y musgos. Por favor, hágalo con sumo respeto y cuidado. Desde este páramo hasta Valencia hay aproximadamente 1 hora, si no le teme al frio, una vez más, tómese un momento para las fotos y para meditar sobre la importancia de esta bella región para todo el país.

Después de este recorrido, un pequeño riachuelo le dará la bienvenida al corregimiento de Valencia, municipio de San Sebastián (Cauca), para sorpresa de muchos, aquel riachuelo tomará rumbo al sur y será uno de los afluentes más importantes del Amazonas. Sí, se trata del rio Caquetá. Es hora de descansar, existen opciones suficientes para hacerlo. Sin embargo, es conveniente avanzar hasta la vereda la Hoyola, allí encontrará una cabaña con todo lo necesario para que prepare la caminata que lo conducirá tras dos días de marcha hasta el Huila.

La caminata comienza en torno de las 5 de la mañana, es indispensable la contratación de un guía, pues, aunque el camino es transitable, las condiciones climáticas pueden ser lo suficientemente adversas para extraviarse. El uso de botas de plástico es inevitable.

Se inicia con un acenso prolongado, la vegetación propia de este ecosistema es hermosa, fuerte y sumamente densa. Variedad de musgos, arbustos y forrajes con diferentes colores y tamaños exhiben una belleza difícil de describir. Tras la subida, aparece un valle de frailejones, el tiempo se detiene y un viento helado antecede la travesía por el páramo de El Letrero, localizado a más de 3400 msnm.

Caminar el macizo para descubrirse

Foto por: Carmen Eliana Guamanga Muñoz.

Allí nace la Laguna del Magdalena, un cuerpo de agua pequeño y sumamente frágil, sobre todo por la cercanía del camino, que pasa a escasos metros de ella. A pesar de esto, la laguna toma sus precauciones y la mayoría del tiempo se esconde entre una densa neblina, es mejor respetarla y continuar avanzando, más adelante habrá posibilidad de observarla desde un mirador, localizado en la parte alta del páramo.

Si la idea es llegar hasta el Huila, una vez atravesado el páramo inicia un descenso pedregoso que parece interminable, se pasa del páramo al bosque en un lapso de tiempo relativamente corto, el Magdalena gota a gota se convierte en un afluente cristalino y en el más fiel compañero para el caminante.

El primer día de caminata termina en torno de las 3 de la tarde, tras más de 8 horas de marcha o como dirían los expertos trekking se llega a una posada en el sector de San Antonio. Por lo general, en este sitio hay personas dispuestas a atender al andariego. El servicio incluye hospedaje en acomodación múltiple y un delicioso desayuno. La posada es sencilla, no tiene energía eléctrica, señal de celular, ni internet, pero permite un encuentro más que cercano con las estrellas y la naturaleza.

Las 4 de la mañana es la hora indicada para continuar con el recorrido, con linterna en mano y las energías recargadas, los caminantes del macizo se desplazan a través de una vegetación cada vez más prominente. Arboles gigantescos, abismos pronunciados, cuatro puentes y un ascenso realmente prolongado es el resumen del segundo día de caminata.

Tras aproximadamente 7 horas se arriba a Puerto Quinchana, primer caserío del Huila desde que comenzó el recorrido. El Magdalena ya no es un arroyo, se ha convertido en el rio que da vida a toda Colombia. La recompensa final es tomar un baño en sus frías y deliciosas aguas. Son aproximadamente 40 los kilómetros recorridos durante el trayecto.

Caminar el Macizo es sentirse vivo, es concebir realmente la magnitud de las montañas, las lagunas, las peñas, los ríos y las nubes. Caminar el Macizo es darnos cuenta de nuestra increíble y fuerte pequeñez. Caminar el Macizo es darnos cuenta de lo que somos capaces, de que siempre somos capaces.

Por: Manuel Guzmán Muñoz. Habitante del Cauca.
Editor: Lina María Serna. Periodista – Editora.

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