Una educación diferente, hecha en el campo y para el campo

A través del proyecto “Mi Proyecto de Vida en el Campo”, jóvenes del Valle del Cauca están apostándole a estrategias que les permitan continuar en sus territorios, sin tener que migrar hacia las ciudades.

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Esta semana, en el desarrollo del proyecto “Mi Proyecto de Vida en el Campo” desarrollado por Acción Cultural Popular – ACPO y financiado por Fundación Bolívar Davivienda, nos reunimos con los alumnos del grado 11° de la Institución Educativa Julio Fernández Medina ubicada en el municipio de Restrepo, Valle del Cauca. Allí, acompañamos la clase donde a los estudiantes se les enseñaba a crear su propia huerta casera.

Los jóvenes dejaron a un lado los libros, cuadernos, calculadoras y demás útiles escolares, y los reemplazaron por botas, guantes y herramientas, luego se desplazaron al lugar donde bajo el sol y con mucho esfuerzo, aprendieron a maniobrar con las distintas herramientas; de manera que al final de la jornada, ellos ya conocían cada herramienta y su uso específico, entre estas el azadón, la pala y la pica.

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El profesor Boris, como le llaman con cariño sus alumnos, muy orgulloso nos decía “ellos de aquí salen preparados para cultivar. Sea hombre o mujer, tendrá la capacidad de sembrar sus propios alimentos y tener en el solar de su casa su huerta ecológica, que tanta falta le hace al planeta”.

Y es que escuchar que ellos se preocupan por cuidar y mejorar la calidad de vida, que lamentablemente en las ciudades se ha perdido, genera alegría, mejora el ánimo y motiva. Si todos los seres humanos tomaran conciencia del desgaste y daño que la tierra sufre con tanta contaminación, buscarían la forma de tener su pequeña huerta en algún lugar de su casa, eso sería un aporte, pequeño pero que realizado por muchos, ayudaría a mejorar el medio ambiente con el solo hecho de tener sus legumbres, sus plantas medicinales, sin insecticidas, creando así un impacto en el mejoramiento y la calidad de vida.

El impacto de ver mujeres participando de este tipo de iniciativas, cargando y usando estas herramientas, es gratificante. Mónica, Lina y Gabriela, aran la tierra, nos explican con sus propias palabras “esto se llama cama, estamos preparando la tierra para en una semana más o menos empezar a sembrar” y los hombres mientras tanto, hacían canales de desagüe alrededor de lo que ellos llaman camas, así en caso de lluvia el agua corre y no se desbaratan las camas.

Todas estas experiencias permiten aprender cada día más del campo, son esas labores positivas, de campesinos positivos que aman y se sienten orgullosos de sus conocimientos, lo que hace que pensemos que no todo está perdido y que vale la pena luchar por un mundo mejor.

Precisamente ese es el propósito de este proyecto, promover el arraigo de los jóvenes y que en el campo forjen sus propios proyectos de vida, pensados en sus comunidades y en el bienestar integral de ellos y sus familias.

Por: Diana García. Facilitadora ACPO en Valle del Cauca.
Editor: 
Lina María Serna. Periodista – Editora.

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